Contribuciones al estudio de la embajada Keichō.

PRESENTACIÓN.

 El Conde de Bobadilla. La historia y la mitología a veces se funden y se confunden hasta formar un todo, un nudo gordiano que hay que saber liberar, no de un tajo, como la espada de Alejandro, sino con la paciencia de investigador, buscando y encontrando los cabos interiores de los que ir tirando para, poco a poco, liberar la cuerda de su propio nudo. Desde que, haciendo inventario del archivo municipal de Sevilla, apareciera en 1859 un tubo de latón con la carta que el Rey Date Masamune dirigió a la ciudad en 1613, y se rescatara de la memoria la Embajada de 1614, el interés por carta y embajada ha ido conociendo los pulsos que marcaban las propios nexos y visitas entre Japón y Sevilla. Pero, también ha servido para elaborar mitos, como el de una presunta descendencia que, bajo en apellido Japón, habría dejado la embajada japonesa en Coria del Río…

En todo caso, el autor de este interesante y dilucidador artículo, continúa la labor que su padre, José de Contreras y Rodríguez-Jurado -funcionario-Jefe de la Secretaría Particular de la Alcaldía de la Ciudad-, iniciara por mandato del alcalde en 1990 -tras la visita oficial que realizó a la capital hispalense el Embajador del Japón en España- con la misión de elaborar un informe sobre la Embajada de Keichô, el contexto histórico en el que se desarrolla, el contenido e importancia de aquella carta, y la trascendencia para la historia de la Ciudad y las relaciones bilaterales hispano-japonesas. Trabajo que desempeña hasta su jubilación en 2004. Ocho años después de esta, y en ocasión de su muerte, la asociación japonesa Wa-Kei solicita a su hijo, José de Contreras y Saro, que continúe su labor, naciendo de todo ello el grupo hispano-japonés de investigación “Memoria de Keicho” MK, que dirige el propio José de Contreras, y que ha servido para realizar una paciente labor científica de investigación que ha ido encontrando esos cabos interiores que desanudar, muy singularmente con respecto a la identidad de algunos de los japoneses que participaron en la embajada y su relación con el municipio de Espartinas, así como la de aquellos que quedaron en la ciudad de Sevilla.

Como homenaje a estos estudios, escribimos esta valoración, por lo que de conocimiento de la embajada nos aporta, así como por la labor de desarme de algunos mitos que daban por cierta una presunta descendencia de dichos japoneses en el apellido Japón.

 

CONTRIBUCIONES AL ESTUDIO DE LA EMBAJADA DE KEICHÔ. Por José de Contreras y Saro, Director del Grupo de Investigación Memoria de Keichô. Fotos de la conferencia: Manolo Gómez

 “La memoria escrita, mantiene el pasado incorruptible e inalterable en el tiempo, verdadero testimonio que permanece vivo; Valioso regalo inalienable para quien lo descubre, fundamento de la identidad de los pueblos que conocen su pasado y respetándose así mismos, respetan a los demás.”

 INTRODUCCIÓN.

 La Embajada de Keichô dejó una profunda huella en Sevilla, y generó un enorme impacto en el Imperio Español, pues por primera vez las relaciones diplomáticas fueron más allá de las fronteras Americanas y Filipinas, llegando hasta Japón. Para Japón era la primera delegación diplomática de carácter oficial enviada a España y la primera vez que un oficial japonés iba más allá del Océano Pacífico y cruzaba el Océano Atlántico. Para ambas naciones supuso un cambio de conciencia, una transformación hacia una nueva concepción del mundo del que ambas formaban parte.

La llegada de la Embajada de Keichô a Sevilla y su viaje hasta la Corte Española en Madrid y la Corte del Papa en Roma, generó un enorme impacto en Occidente – lo que quedó reflejado en tratados, estudios y libros de aquella época en España, Italia y Alemania, lo que nos ayuda a comprender la enorme importancia que este hecho supuso para la Europa en el siglo XVII. Pero su legado documental fue más allá, y quedó reflejado en las actas capitulares de la Ciudad de Sevilla, en cartas, memorias, licencias y documentos de la Casa de Contratación y del Consejo de Indias, y en una importante carta manuscrita del propio Rey Date Masamune, que el samurai Hasekura su embajador entregó a la ciudad y que durante siglos permaneció guardada en los Archivos del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla olvidándose su contenido…

Tuvieron que pasar siglos, hasta que el Abogado, Archivero de la Secretaría del Excmo. Ayuntamiento y Cronista de la ciudad de Sevilla, don José Velázquez y Sánchez, encontrase en el año 1859 [1] un viejo tubo de latón algo oxidado – mientras hacía inventario en el archivo – en cuyo interior halló un antiguo documento de escritura desconocida y caracteres orientales, que resultó ser la carta original que el Rey Date Masamune dirigió a la ciudad de Sevilla, en el año del Señor de 1613. Aquel hallazgo, inspiró a don José Velázquez y Sánchez la publicación de un folleto, que titulado “La Embajada japonesa en 1614”, fue impreso en la Imprenta “El Porvenir” en el año 1862.   En aquella publicación, el autor narraba de una forma sucinta el origen de aquella Embajada, contenido de la redacción de aquella la carta, así como desarrollo y desenlace de aquella Empresa.  

No será hasta veinte años después, (1882) cuando vuelva a ser mostrada de nuevo aquella carta – ante la presencia del Excmo. Sr. Alcalde don Manuel de la Puente y Pellón, la Corporación Municipal y el Cronista de la ciudad de Sevilla don Joaquín Guichot – al General Yda, Ministro Plenipotenciario del Emperador del Japón en París, mientras se encontraba de visita cultural en la ciudad de Sevilla [2].

El día 7 de noviembre de 1930, formando parte de la Corporación Municipal de la ciudad de Sevilla el Sr. Contreras y Romero-Abril, se mostró de nuevo el documento de Date Masamune a los Príncipes Takamatsu del Japón durante su visita oficial a la ciudad de Sevilla [3].  Aquella vieja carta, se convirtió en la primera prueba documental de las antiguas relaciones diplomáticas, que la nación del Japón había mantenido en otro tiempo con el Imperio Español a través de la ciudad de Sevilla. Ello, favoreció que las visitas oficiales siguieran continuándose en el tiempo, siendo protagonista principal en todas ellas, la carta manuscrita de Masamune. Fue mostrada por primera vez a la familia Imperial del Japón el año 1973, a los príncipes Akihito y Michiko – después Emperadores – durante su visita a la ciudad de Sevilla.

Ya en el año 1990 es mostrada aquella carta de nuevo al Embajador del Japón en España, el señor Toru Ishii, de visita oficial en la ciudad de Sevilla con motivo de la preparación del espacio que ocuparía el Pabellón del Japón para la Exposición Universal de 1992. Entre las personas que recibieron al Embajador del Japón, mostraron aquella antigua carta en papel de arroz de todo dorado escrita en japonés, se encontraban el entonces Excmo. Sr. Alcalde de la Ciudad de Sevilla don Manuel del Valle, el entonces funcionario-Jefe de la Secretaría Particular de la Alcaldía de la Ciudad, don José de Contreras y Rodríguez-Jurado, el Director de los Archivos Municipales , don Marcos Fernández junto a una parte de la Corporación Municipal.  Ya en el año 1990 – viendo el gran interés que la Embajada de Japón en Madrid, manifestaba en el contenido de aquella carta – se estudia su traducción, encargando el Alcalde al Jefe de su Secretaría Particular y asesor histórico, un informe sobre el suceso ocurrido con la Embajada de Keichô [4], contexto histórico en el que se desarrolla, contenido e importancia de aquella carta que se dirigía a la ciudad de Sevilla como “entre las naciones del mundo, a la más conocida y muy ylustre çiudad” conservada en sus Archivos Municipales – y trascendencia para la historia de la Ciudad y las relaciones bilaterales hispano-japonesas.

Para ello, al igual que hicieran en el pasado los antiguos cronistas de la ciudad – el señor Contreras y Rodríguez-Jurado, realiza una investigación a través de la cual se consultan los textos publicados por los antiguos historiadores y cronistas de la ciudad sobre aquel hecho singular, Ortiz de Zúñiga, Alonso de Morgado, José Gestoso, José Velazquez, así como la obra de Escipión Amati, aun sin traducir al español, o Fray José Sicardo, fueron algunas de las fuentes consultadas. Así mismo, se estudiaron – con la ayuda del Director de los Archivos Municipales, don Marcos Fernández – las actas capitulares comprendidas en los años del suceso. El fin que perseguía don José – como era llamado por el personal del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad – o Pepe Contreras – como era conocido por sus mejores amigos – no era otro que el de contribuir a través de la memoria histórica, al fortalecimiento de las relaciones hispano-japonesas, igual que lo hiciera su abuelo como miembro de la Corporación Municipal, cuando recibió la visita de los príncipes Takamatsu en los años treinta. Reconstruyendo a través de este informe en perfecto orden cronológico el origen, nudo y desenlace de aquella Embajada japonesa. Gracias al cual, hemos podido conocer los siguientes datos.

LA EMBAJADA DE KECIHO

Luis Sotelo de Deza, nació en Sevilla en el 6 de Septiembre del año 1572 19, siendo sus padres don Diego Caballero de Cabrera, Caballero Veinticuatro de la ciudad de Sevilla y doña Catalina Niño Sotelo de Deza “la Santa”; y sus abuelos don Diego Caballero de Cazalla, que había desempeñado los cargos de gobernador y mariscal de la Isla de la Española en América. Luis, tomó los hábitos de religioso franciscano descalzo en la provincia de San José de la Orden en Castilla, pasando en el año 1599 a Nueva España, Méjico, donde después de dos años de preparación en estudios teológicos, fue destinado por sus superiores, siguiendo su vocación misionera a la Provincia de San Gregorio de Filipinas. Allí comenzó a establecer contacto con comerciantes de origen japonés que concurrían en estas islas, lo que le ayudó a familiarizarse con el idioma japonés. Un año después (1603), Fray Luis Sotelo – motivado por el primer contacto diplomático de Japón con Europa a través de su Embajada de Tenshô (1582-1590) lo que se llevó al efecto a través de la Compañía de Jesús – se embarca para la isla del Japón desde el puerto de Filipinas acompañando de unos presente que el Gobernador de Filipinas, enviaba al Shogun Ieyasu y a su hijo Hidetada, estableciéndose en la Isla del Japón. Allí perfeccionó su dominio del Japonés con la predicación, lo que le llevó a desempeñar el cargo de intérprete de la corte del Japón.

Fue conocido junto a otros misioneros en la Corte japonesa del shogun, adquiriendo gran crédito y respeto, donde en ocasiones desempeñó el cargo de consejero privado. Lo que pudo influir significativamente a la apertura de Japón a España. Pues tan solo unos años después – el 28 de diciembre de 1609 – Ieyasu Tokugawa (Minamoto Yeas) Como Universal Señor del Japón, envía una Carta al Duque de Lerma – Valido del Rey Felipe III de España – por la que autoriza a los navíos españoles procedentes de Nueva España tocar puertos japoneses, dejando los pormenores del asunto a Fray Luis Sotelo de Deza. A penas casi un año y medio después el 4 de mayo de 1610 Ieyasu Tokugawa vuelve a escribir al Duque de Lerma, autorizando de nuevo el atraque en puertos japoneses de navíos españoles procedentes de Nueva España, dejando los detalles del asunto en esta ocasión a los padres franciscanos Fray Alonso Muñoz y Fray Luis Sotelo, que llevan como presente al Rey de España, cinco armaduras japonesas. A pesar del contenido de la comunicación, Fray Luis Sotelo no pudo acompañar a Fray Alonso Muñoz en su viaje a España, por encontrarse convaleciente en Japón.

La Providencia de Dios hizo posible el cúmulo extraordinario de circunstancias, sobre cuya base, actuó la voluntad de los hombres que hicieron posible la creación de la Embajada de Keichô. Aquel mismo año de 1610 Fray Luis Sotelo de Deza se encontraba en la residencia cortesana del Shogun, Tokugawa Hidetada en Yedo (Edo) actual Tokyo, cuando conoció por primera vez a Daté Masamune daimyô [5], poderoso señor territorial de la región de Ôshû (Borjú olim. Voxú), cuya Capital, se encontraba entonces en la ciudad de Sendai, edificada por el y en la que vivía, junto a sus 52.000 vasallos y familias. Por el testimonio escrito de Scipión Amati, tenemos conocimiento de que el Franciscano combatió las creencias de los sacerdotes bonzos y, tras un periodo de instrucción, convirtió al cristianismo al gran daimyô. Lo que desencadenó que Date Masamine decretase un año después en su tierra de Sendai – en la actual Prefectura de Miyagui – la libre predicación del cristianismo y se daba a sus súbditos plena libertad para su conversión. El edicto fue acompañado de otras medidas tendentes a facilitar y aumentar las conversiones como la construcción de iglesias. Ante esta situación, era fundamental la presencia de nuevos religiosos que atendieran las necesidades de la población. Desconocemos si los motivos de Masamune fueron principalmente comerciales y accesoriamente piadosos o si detrás de ellos se ocultaban ciertos intereses políticos como Rey de Ôshû, conocido por el mundo occidental como Reino de Borjú o Voxú.

Aquel mismo año, el General Sebastián Vizcaíno, lidera una expedición que recorre las costas japonesas en busca de las “islas ricas en oro y plata”. Con grandes penalidades, naufraga en el año 1613 en las costas del reino del que era Señor Date Mansamune. Tras ser llevado a la presencia del daimyô, Vizcaíno pacta con él construirle un navío de gran tonelaje que pudiera cruzar sin dificultades el Océano Pacífico a cambio del pago de su salario y raciones a el y a sus 26 hombres españoles que le acompañaban, cuyos gastos le serían sufragados por el Rey de España.   Date Masamune acepta el acuerdo y planifica la creación de una Embajada para fines comerciales, diplomáticos y religiosos, iniciando la construcción de un Navío de 500 toneladas de capacidad dirigida por Vizcaíno, cuya fabricación finalizó el 24 de junio de aquel año, siendo botado con el nombre del San Juan Bautista.

El 26 de octubre de aquel año, Date Masamune, como Rey de Ôshû, redacta la carta a la ciudad de Sevilla, a la que ya hicimos referencia al inicio de este artículo, otra dirigida a S.M. el Rey don Felipe III de España – hoy desaparecida – y otra dirigida a S.S. El Papa Paulo V, conservada hoy en el Archivo del Estado Vaticano. Dos días después embarcaba el Navío San Juan Bautista hacia el puerto de Acapulco, con la Embajada constituida por Masamune y que dirigida por Hasekura Ricuyemon Tsunemaga, estaba formada por Fray Luis Sotelo, los Padres Ignacio de Jesús y Diego Ibáñez, tres o cuatro personas de servicio, el General Sebastián Vizcaíno y 150 japoneses, entre Samuráis, marineros, servidores y un grupo de comerciantes, con el objetivo de entregar las cartas de Masamune, establecer sólidas relaciones amistosas y comerciales con la ciudad de Sevilla, como único puerto autorizado en España para el comercio con América. Y por otro lado el de solicitar la ayuda, alianza y la protección del Rey de España y el Papa de Roma para convertir sus estados al Cristianismo y ampliar su influencia en Japón, dada la pujante necesidad de religiosos.

El 29 de enero del año 1614, la Embajada llega al puerto de Acapulco, en la costa del Pacífico de Méjico. Recorriendo a pié los 384 km hasta llegar a la ciudad de Méjico, donde fue recibida por el Virrey y el Provincial de los Franciscanos a los que les fueron mostradas sus credenciales en las que se manifestaba el sentido comercial y religioso de su viaje.   Una vez llegó la Embajada a la ciudad de Méjico, se dividió permaneciendo la mayoría de los japoneses que la integraban en aquella ciudad junto al Padre Ibáñez tratando de retornar a Japón, mientras que el resto de la embajada – formada por Fray Luis Sotelo de Deza, el Padre Ignacio de Jesús, el Embajador Hasekura y 30 japoneses – continuaron su viaje recorriendo los 397 km de distancia hasta el Puerto de Vera Cruz, desde donde cruzan el Golfo de Méjico hasta la Habana, aprovisionándose en el Castillo de San Juan de Ulúa. Allí se incorpora a la Flota de Indias que dirigía don Antonio de Oquendo, partiendo en el Galeón San José el 20 de Junio de aquel año hacia España. Durante dos meses y nueve días, cruza el Océano Atlántico hacia la ciudad de Sevilla a través de la Barra de Sanlucar y Coria del Río.

La Embajada de Keichô – dirigida por Hasekura – tuvo una duración de 7 años, en los que tuvo que enfrentarse a multitud de necesidades, peligros y dilataciones en el tiempo. Atravesando dos veces los océanos Pacífico y Atlántico, el continente Americano y Europeo, recorriendo Méjico, España, Italia y Filipinas.

Todos los datos expuestos, quedaron reflejados en aquel informe, junto a otros muchos en los que se detalla el recibimiento que la ciudad de Sevilla, capitulares y nobleza hicieron en las Casas del Cabildo y el los Reales Alcázares de la ciudad a aquella Embajada – procedente de Sanlucar de Barrameda y desembarcada en Coria del Río – que había sido enviada por Date Masamune. Lo que supuso la base desde la que se difundió el conocimiento sobre aquel hecho histórico, recurso útil que fue, en el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales hispano-japonesas y muy especialmente entre la ciudad de Sevilla y de Sendai con la que se inició un hermanamiento algunos años después (1995). Será precisamente en este contexto, en el que los Príncipes Takamado del Japón, visitan la ciudad de Sevilla el 12 de mayo de 1991, siendo recibidos en los Reales Alcázares [6] – lugar que en otro tiempo fuera sede temporal de la Embajada de Keichô – por el Alcalde de la ciudad don Manuel del Valle, don José de Contreras y Rodríguez-Jurado, don Mauricio Domínguez y Domínguez-Adame junto a una parte de la Corporación Municipal. Solo unos meses después se haría efectivo el nombramiento del nuevo Embajador de Japón en España el Señor Tatsuo Yamaguchi, que continuó la labor de su predecesor en el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas con el Reino de España.

Con la elección y toma de posesión del nuevo Alcalde de la ciudad, don Alejandro Rojas-Marcos – por recomendación de don José de Contreras y Rodríguez-Jurado – se incluyen dentro del programa de actos y visitas oficiales para el año de la Exposición Universal en Sevilla, la recepción en la sede de las Casas Consistoriales del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de Sevilla al antiguo Embajador de Japón en España, ahora Alcalde de la ciudad de Sendai, el señor Toru Ishii, al que se le obsequia con una reproducción facsimilar de la Carta de Date Masamune, aquel acto tuvo lugar el 22 de mayo de 1992. [7] Tan solo dos meses después – el 20 de julio de 1992 – se recibió en la misma sede municipal y se hace entrega las llaves de la ciudad al príncipe heredero Naruhito de Japón [8].   En ambos actos formaron parte don José de Contreras y Rodríguez-Jurado como Jefe de la Secretaría Particular de la Alcaldía y don Mauricio Domínguez y Domínguez-Adame, como Jefe de Protocolo del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad.

En el año 1994, Japón a través de su Embajador en Madrid el señor Tatsuo Yamaguchi contacta con la Alcaldía de la ciudad de Sevilla para solicitad su colaboración en la identificación y catalogación de piezas originales del siglo XVII de origen occidental – que conservadas en Japón – formarían parte de una gran exposición, que se inauguraría en el Museo de la ciudad de Sendai y que titulada “El Mundo y Japón”, trataría el tema de la Embajada de Keichô. don José de Contreras y Rodríguez-Jurado, colabora desinteresadamente en dicha identificación y catalogación, hasta el punto que concluida la misma, fijada la inauguración de la exposición e invitado a Japón para participar en ella el Alcalde don Alejandro Rojas-Marcos, que delega su representación y la de la ciudad de Sevilla a don José de Contreras y Rodríguez-Jurado, que viajará a la ciudad de Sendai, en Japón el 5 de octubre del año 1995, donde es recibido por el Alcalde de Sendai el señor Toru Ishii, las autoridades de la ciudad y el señor Hayakawa Giro, Presidente de la Asociación Miyagui y España, participando al día siguiente en el acto inaugural junto al Embajador de Italia, de España y de Méjico. Don José de Contreras y Rodríguez-Jurado participa entonces en el ciclo de conferencias organizado con motivo de la inauguración de aquella exposición – el 17 de noviembre de aquel año – con su ponencia “Sendai y Sevilla”, a través de la cual explica las claves del documento de Masamune y su repercusión en el Imperio Español y la ciudad de Sevilla. Aquella conferencia, fue publicada en Japonés un año después (1996) en el Boletín nº 16 del Museo de la ciudad de Sendai.

Fue a partir del 3 de noviembre de 1996, cuando el Presidente de la Asociación Miyagi y España y el Presidente de intercambio entre Yokohama y España, el Embajador de Japón y diferentes autoridades japonesas realicen diferentes visitas oficiales de correspondencia a la ciudad de Sevilla, lo que contribuyó al fortalecimiento deseado de amistad entre las ciudades de Sendai y Sevilla. Lo que llevó a don José de Contreras y Rodríguez-Jurado a donar una pieza muy singular de su propio patrimonio familiar al Museo de la ciudad de Sendai, una pequeña placa de bronce original del siglo XVII con la iconografía de San Juan Bautista, idéntica a una rota – como consecuencia de las represiones cristianas – conservaba en aquel museo de Sendai. Aquel regalo personal pretendía ser un símil, de cómo las antiguas relaciones rotas y mal conservadas, ahora eran restauradas y se encontraban en perfecto estado de armonía.

Testigo de los actos oficiales celebrados en Sevilla, entre otros muchos que se sucedieron entorno al fortalecimiento de las relaciones hispano-japonesas, fue el Padre Fernando García Gutiérrez S.J. [9] Intérprete oficial en ellos. Pues si con un jesuita se iniciaban los primeros contactos hispano-japoneses y con un franciscano las primeras relaciones diplomáticas, sería ahora a través de otro jesuita con el que se fortalecían las relaciones diplomáticas, culturales de conocimiento y amistad entre ambas naciones, a través de la ciudad clave del encuentro, Sevilla.

Tras la jubilación – por enfermedad – de don José de Contreras y Rodríguez-Jurado como Director de las Casas Consistoriales en el año 2004, quedó olvidada su valiosa contribución que nunca le fue reconocida y a falta de continuidad, quedó un gran vacío… un vacío que fue ocupado por la especulación… una especulación que iba más allá de lo que suponía la herencia histórica, diplomática y documental de la Embajada de Keichô. Se abre así un periodo que genera un enorme impacto mediático en torno a la herencia genética de la Embajada de Keichô en Coria del Río, fundada en algunos documentos posteriores en el tiempo a Keichô, en los que se nominan a algunos individuos de Coria del Río con el apellido Japón, y de los que no en todos los casos se publicó su contenido íntegro.

Ocho años después de la jubilación de don José de Contreras y Rodríguez-Jurado y a raíz de su fallecimiento, la Asociación Cultural Japonesa Wa-kei, a través de su presidenta, pide a don José de Contreras y Saro, continúe con las investigaciones que iniciara su padre hace más de veinte años, convirtiéndose en la precursora del grupo de investigación “Memoria de Keichô” M.K. Aquel grupo fue integrado por don Javier Serrano Pinteño, Licenciado en Geografía e Historia, Investigador Nacional y especialista en paleografía procesal antigua castellana; Doña Keiko Kawabe de la Universidad de Sevilla Presidenta de la Asociación Wa-Kei , investigadora japonesa y promotora del proyecto, que estudió las publicaciones científicas al respecto, haciendo la traducción de términos y textos publicados en japonés y manteniendo las comunicaciones con la Embajada de Japón con España; así como por su director don José de Contreras y Saro, Jurista e Investigador Nacional con más de 15 años de experiencia en la dirección de este tipo de investigaciones históricas y miembro de la Ilustre Sociedad Andaluza de Estudios Histórico Jurídicos. Todo ello para la continuación de las investigaciones que inició don José de Contreras Rodríguez-Jurado. Gracias a este trabajo en equipo entre españoles y una japonesa conocemos hoy, un nuevo rastro documental de la época de Keichô, que nos habla de la identidad de algunos de los japoneses que participaron en aquella arriesgada aventura que fue la Embajada de keichô, y su relación con el municipio de Espartinas, así como la de aquellos que se quedaron en la Ciudad de Sevilla, junto a la Parroquia de San Lorenzo. También se ha podido reconstruir documentalmente el origen de la familia de apellido Japón que vivió en Coria del Río durante el siglo XVII, junto al de otros Japón.

Los resultados de esta investigación se hicieron públicos por primera vez a través de una conferencia pronunciada por don José de Contreras y Saro en el Excmo. Ateneo de Sevilla el 28 de Octubre del año 2013, considerada por la Embajada de Japón en España y la Comisión del Año Dual para el IV Centenario de las relaciones bilaterales España-Japón, consideró parte de los actos oficiales. Los resultados de la investigación revolucionaron lo que se había conocido hasta ahora sobre la Embajada de Keichô. Considerándose los hallazgos documentales, “Documento del mes de Enero” por la Dirección del Archivo Histórico Provincial de la ciudad de Sevilla. Con motivo de lo cual se organizó una pequeña exposición a través de la cual parte de ellos fueron exhibidos en la sede del Archivo y cuyo contenido se publica hoy por primera vez, para la lectura y estudio de quienes quieren conocer más sobre la Era Keichô en Occidente.

La Investigación, quedó dividida en dos Fases: Una primera que se llamó “Herencia de Keichô”, centrada en la identificación de los japoneses que formaron parte de la Embajada de Keichô y establecieron su residencia en la ciudad de Sevilla y su provincia.  Y una segunda fase que se llamó “Los Japón”, que se centró en la investigación documental del origen del apellido Japón, de Coria del Río del siglo XVII, así como el origen del apodo “Japón” y su posible relación con América.

LA HERENCIA DE KEICHÔ

Para la primera fase, se estudiaron aquellas informaciones que se habían hecho públicas en España y Japón, sobre la Embajada de Keichô, así como todo rastro documental que hiciese referencia a aquella Embajada, el Reino de Ôshû, Masamune, Hasekura, Japón o individuos de apodo o apellido Japón, durante el periodo comprendido entre los años 1614 y 1654, en los Archivos Histórico Municipal de Sevilla, Histórico Provincial de Sevilla, los archivos de la Institución Colombina de Sevilla, Archivo Histórico Nacional y Archivo General de Indias. El Objetivo no era otro que el de estudiar el rastro documental de aquellos japoneses que acompañaron a Hasekura en la Embajada de Keichô y no embarcaron de regreso a su país natal, estableciendo su domicilio en la provincia de Sevilla y su entorno. Averiguando a través de estos documentos, su identidad y reconstrucción de su vida en España.

Los resultados fueron sorprendentes, pues a través de un expediente matrimonial hallado en el Archivo Histórico Diocesano del Arzobispado de Sevilla [10] se localizaron tres individuos de origen japonés que formaron parte de la Embajada de Keichô, como así lo testimonian, y habían establecido su residencia en la provincia de Sevilla. Concretamente en la Sevillana Parroquia de San Lorenzo, junto al Señor de Sevilla – El Cristo del Gran Poder – mientras que otros declaran residir en el Monasterio de Nuestra Señora de Loreto, en Espartinas. De los que, al menos uno de ellos no se embarcó de regreso por haber contraído matrimonio con una española, de cuya unión – según investigaciones de don Ángel L. Schlatter – tuvieron un hijo nacido en el año 1617, poco después de su unión matrimonial, que residió en la parroquia de San Lorenzo. Se pudo reconstruir a través de este expediente matrimonial, además la identidad de tres de los miembros de la embajada, su edad y lugar de nacimiento en Japón. Pudiéndose reconstruir aspectos de su vida y circunstancias personales de significativo interés, como sus oficios, lugar en el que se encontraban domiciliados en la ciudad o provincia de Sevilla, así como su estado civil. Documentándose por primera vez el verdadero número de japoneses que no embarcaron de regreso a Japón, y establecieron su residencia entre Sevilla y Zafra.

Aquellos japoneses que formaron parte de la Embajada de Keichô, y de los que por primera vez conocemos su identidad, fueron bautizados en la Fe católica con los nombres de: don Juan Agustín, don Lucas Antonio y don Juan Bautista.

Por las declaraciones del propio don Juan Agustín, insertas en su expediente matrimonial 10, sabemos que fue nacido de “padres infieles[11] en Qungo, en el Japón, donde fue bautizado en la Fe Católica. Ello nos evoca el pasaje del Cronista Historiador de la Embajada el Dr. Escipión Amati en el que recoge: “con increíbles atención [los japoneses] escuchaban la predicación de la doctrina evangeliza y a porfía pedían el santo bautismo, de manera que día y noche el padre; con otros tres predicadores del Japón, se ocupaba sin pausa de catequizar y bautizar a un gran número de gente” [12]. Con tan solo 17 años de edad, según se desprende de su declaración, don Juan Agustín parte en el año de 1613 junto a otros vecinos de su población de la actual prefectura de Miyagui, para servir al Embajador Hasekura Tanasawa. Tras llegar a la ciudad de Sevilla en el año 1614, establece su residencia entorno a la Parroquia de San Lorenzo, a través de la cual incoa ante el Juez Principal y Vicario General – el Licenciado don Antonio de Covarrubias y Leyva – el 27 de junio del año 1616 una Licencia para casar con doña Ana de Barahona, natural de Ronda de 16 años de edad, e hija de Juan Bautista Agustín de Barahona y Leonor Méndez Cascareno, vecina de la Parroquia de San Román de Sevilla donde residía con su tío el Hermano Andrés de Barahona. En su expediente matrimonial, don Juan Agustín, declara tener 20 años de edad, no encontrarse casado, ni haber hecho voto religioso de castidad, además de no haberse ausentado de la ciudad desde que llegaron a ella al servicio del Embajador desde Japón. Así mismo se recoge el testimonio de otros dos individuos de origen japonés que le habían acompañado  El 28 de junio de aquel año, se da dicha Licencia para contraer matrimonio con doña Ana de Barahona.  Entre los testigos que hacen testimonio de soltería y profesión de Fe del contrayente en año 1616 en aquel expediente matrimonial, se encentraron: don Lucas Antonio y Juan Bautista.

Don Lucas Antonio de 20 años de edad, – según declara – fue nacido en el año 1598 en Qungo, en el Japón, donde conoció a don Juan Agustín. A la temprana edad de 15 años (1613) dice haber salido en servicio del Embajador Hasekura Tanasawa y ser de su Cámara [13]. establece en la ciudad de Sevilla en el año 1614 y declara en el expediente matrimonial de don Juan Agustín en el año 1616. Parece ser, tenía la misma vecindad que el contrayente, pues, no acredita tener otra.

Don Juan Bautista, fue nacido en el Japón en el año 1594 y declara tener 22 años de edad, haber conocido a don Juan Agustín en el lugar de Qungo desde que era un niño. Manifiesta haber embarcando en el año 1613 – esto es a la edad de 19 años – al servicio del Embajador del Japón. Estableciéndose en la ciudad de Sevilla en el año 1614 y posteriormente en el Convento de Nuestra Señora de Loreto en Espartinas, desde donde había venido a declarar. Desconocemos si don Juan Bautista se encontraba en aquel monasterio por haber tomado hábito religioso en él, o por aguardar en lugar donde se había establecido la Embajada el regreso de su señor Hasekura de su viaje a Roma, probablemente junto a otros miembros de la Embajada, pues en su declaración no aclara la circunstancia que le lleva a residir en el cenobio.

Ignoramos a que lugar geográfico de Japón se refieren cuando declaran que son originarios de Qungo, cuyo término muy probablemente no fue más que la representación escrita de un conjunto de sonidos fonéticos en un idioma extraño y desconocido para el funcionario que les tomó declaración y que si hubiera sido escrito en japonés como 角五郎 haría referencia al barrio del periodo de Edo – de comienzos del siglo XVII – llamado hoy “Tsunogorô”, situado en la Prefectura de Miyagi, Japón, y llamado antiguamente Tsunogorô-chô 角五郎丁. Otra posibilidad podría ser la de que el termino al que se refirieran fuera el de 公家 – “kuge”, Con el que se designaba a las familias que prestaban servicios directamente al emperador a inicios del Período Heian, y abarcaba en general al monarca japonés y su corte, posteriormente el término se utilizó en este período se constituyeron sólo para designar a los funcionarios cortesanos convertidos en aristocracia gobernante. Cuando los privilegios políticos empezaron a trasmitirse a la nueva clase dominante de los daimyō, a inicios del Período Kamakura, lo que obligó a los kuge redujeran su papel a la conservación del protocolo imperial y la cultura clásica de Japón, ajenos al poder político.[14]

Otro hecho que consideramos significativo es que este grupo de tres individuos de origen japonés, realicen su declaración en este expediente matrimonial un mes antes de que regresase a la ciudad de Sevilla, el resto de la Embajada junto a Hasekura procedente de Madrid, de su largo viaje de Roma, lo que ocurrió entre finales de Abril y comienzos de Mayo del año 1616 [15]. Ello, junto al inciso, que el propio Juan Agustín hace en su declaración, de no haber mudado su residencia de la ciudad de Sevilla desde que llegara a ella acompañando al Embajador Hasekura, prueban algo no documentado hasta ahora. Nos referimos al hecho inédito de que no todos los miembros de la Embajada acompañaron al Embajador Hasekura hasta Madrid y Roma. Probablemente por falta de medios económicos, pues aunque el acto de recepción de la embajada japonesa en Sevilla, había sido sufragado por el cabildo de la ciudad, y muy especialmente por su asistente el Ilmo. Sr. Conde de Salvatierra, con la colaboración de

la nobleza local, la prolongada estancia de los miembros de la embajada en la provincia de Sevilla, y la financiación de su desplazamiento a la Villa y Corte de Madrid para su entrevista con el Rey, parece ser fue en gran parte por cuenta de la Orden Franciscana y de la familia del propio Fray Luis Sotelo.

Así mientras que la Orden Franciscana contribuía a aquella empresa poniendo a disposición de la Embajada el monasterio franciscano de Nuestra Señora de Loreto en Villanueva de Espartinas para su estancia en Sevilla y el monasterio franciscano de las Clarisas Reales para su estancia en la villa y corte de Madrid. La familia de Fray Luis Sotelo, los Caballero de Cabrera, no solo financiación el viaje de la Embajada a la Corte de Madrid, sino que parece ser, pusieron a disposición de aquellos miembros de la Embajada que por falta de espacio no pudieron ocupar el Monasterio de Loreto, la Hacienda Mexina [16] (olim. Mejina), situada a escasos tres kilómetros del Monasterio – propiedad del hermano de Fray Luis Sotelo, don Diego Caballero de Cabrera, Caballero Veinticuatro y Alcalde de la Santa Hermandad de la ciudad de Sevilla [17]. Prueba de los fuertes vínculos que unieron a la familia Caballero de Cabrera con este municipio del Aljarafe sevillano, fue la posesión en el año 1641 del titulo de Señor de Espartinas a favor del hijo de don Diego Caballero de Cabrera y Tello y sobrino carnal de Fray Luis Sotelo 6.

La estancia de la embajada nipona en Sevilla, no se limitó al Monasterio de Nuestra Señora de Loreto en Villanueva de Espartinas, ni posiblemente a sus inmediaciones en la Hacienda Mexina (olim. Mejina) propiedad del hermano de Fray Luis Sotelo – como sostiene Schlatter – o en el Monasterio de de las Clarisas Reales Descalzas de Madrid. Sino que como ya se ha visto, algunos de sus miembros fueron domiciliados en las inmediaciones de la parroquia de San Lorenzo de la ciudad de Sevilla.

Ello se debió muy probablemente, al estrecho vínculo que este barrio[18] y la Hermandad de la Soledad de la Parroquia de San Lorenzo, mantenían con la nobleza local y muy especialmente con los Caballeros Veinticuatro como eran conocidos por privilegio real los Regidores Perpetuos de la ciudad de Sevilla. Élite que detentaba el poder local y de la que formaba parte junto a otras familias ilustres de la ciudad, la familia de Fray Luis Sotelo, pues su sobrino, hermano, padre y abuelo habían sido, eran y serían Caballeros Veinticuatro de Sevilla[19]. Lo que les obligaba a asistir y participar en las funciones principales de la Hermandad de la Soledad de la Parroquia de San Lorenzo. La relación de esta antigua Hermandad con aquella oligarquía, fue tan estrecha que desde la Fundación de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Instituto de nobleza local que aun subsiste hoy su Teniente de Hermano Mayor, era a su vez el Hermano Mayor de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo [20].

Fue tal la vinculación con la Parroquia de San Lorenzo de Sevilla de la familia del propio Fray Luis Sotelo – los Caballero de Cabrera – que su sobrino carnal don Diego Caballero de Cabrera y Tello, Señor de Espartinas y Caballero de la Orden de Caballería de Santiago [21], dispuso el sacramento del bautismo de su hijo primogénito don Diego Luís – bautizado con los nombres de su abuelo y el de su tío-abuelo – en aquella Parroquia el 6 de noviembre del año 1633.

De las declaraciones de don Juan Agustín en su expediente matrimonial y de las relaciones de la familia de Fray Luis Sotelo con la Parroquia de San Lorenzo, se desprende que el hecho de que un pequeño grupo de japoneses, pudieran haberse establecido en casas propiedad de la propia hermandad o de miembros de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo.

Esto sería el pie de foto que estamos probando

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta nueva reconstrucción de los hechos confirma la definitiva ubicación de la Embajada entre el Monasterio de Nuestra Señora de Loreto en Villanueva de Espartinas, su probable ubicación en la Hacienda Mexina (olim Mejina) en Espartinas y su establecimiento en la collación de la Parroquia de San Lorenzo de la ciudad de Sevilla. Así como la importante contribución que la Orden Franciscana, la Nobleza Sevillana y muy especialmente la familia de Fray Luis Sotelo de Deza hizo para la recepción, acomodamiento, financiación de la embajada hasta su entrevista con el Rey, en la villa y Corte de Madrid. Y como la embajada quedó dividida en principio en dos grandes grupos, uno establecido en Espartinas y otro en la ciudad de Sevilla, lo que ayudaría ha explicar la confusión generada ese mismo año de 1616 en el propio Consejo de Indias a la hora de identificar el número correcto de individuos de origen japonés a los que debía autorizar el embarque de regreso a su país de origen, pues con toda probabilidad se dio la Licencia a los que se encontraban en Espartinas y configuraban el núcleo principal de la Embajada entorno a su señor Hasekura y Fray Luis Sotelo de Deza.

El 18 de mayo del año 1616, Fray Luis Sotelo de Deza, religioso Franciscano Descalzo, firma en Sevilla un memorial dirigido al Rey, por el que solicita una Licencia de embarco de regreso a Nueva España con el embajador de “Voxu” (sic. Ôshû) y con 20 japoneses de su familia.[22] A pesar de que se le concede tan solo tres días después la Licencia para el embarque, eximiéndole de la necesidad de hacer las informaciones pertinentes de pasajeros, no lo hacen, pues el 22 de junio de aquel año, Fray Juan de la Cruz y Fray Francisco San Martín se personan en la Casa de la Contratación de Sevilla, para hacer constar que Fray Luis Sotelo no puede viajar, pues se encuentra con una pierna quebrada, ofreciéndose a acompañar a los japoneses en su viaje de regreso [23].

Aunque en el texto principal del documento, se hace referencia a la licencia que el Rey ha dado a Fray Luis Sotelo y a 20 japoneses que le acompañaban, se puede verificar que contiene un error de redacción, pues en realidad la licencia a la que hace referencia el documento no fue dada solo a 20 japoneses y a Fray Luis Sotelo, sino que también al Embajador Hasekura, lo que unido a los tres japoneses que habían declarado en el Expediente Matrimonial de don Juan Agustín y se encontraban establecidos entre Espartinas y el barrio de San Lorenzo en la ciudad de Sevilla sin haber cambiado su residencia, debía elevar el número de individuos autorizados al menos en 4 más. A pesar de ello en la corrección a modo de nota marginal que figura dentro del mismo documento se corrige el número de individuos otorgándole la licencia de embarque a Fray Francisco de San Martín y Fray Juan de la Cruz, al Embajador del Japón (Hasekura) y a otros 24 japoneses.

De ello, se desprende que además del Embajador Hasekura y estos tres japoneses, que hemos identificado a través de este estudio de investigación, existió un cuarto japonés, que no habría sido incluido en la Licencia inicial de embarque.   Es probable que este japonés, pudiera ser otro que aparece avecindado en la Parroquia de San Lorenzo llamado Pedro [24], o bien el caso conocido de don Thomas Fhelipe, que al igual que en los demás casos, habría partido de Japón en el año 1613 al servicio del Embajador Hasekura, al que acompaña en su viaje a la Corte de Madrid, bautizándose en el Monasterio de las Clarisas Descalzas Reales de aquella Villa, actuando como padrinos S.M. el Rey don Felipe III de España y su hermana la Reina Ana de Francia.

Ignoramos, si formó parte de la comitiva que continuó acompañando al Embajador, pero probablemente si formó parte del grupo que debió quedarse en la villa de Madrid o que regresó a la ciudad de Sevilla acompañando al con el resto de la embajada. De una forma u otra, consta por su propio testimonio, que no había embarcado de regreso con el resto de la embajada, pasando al servicio a don Diego de Jaramillo, un importante caballero cuyo linaje se encontraba íntimamente relacionado con el comercio con América, muy especialmente con la ciudad de México. En el desempeño de su función, don Thomas Feliphe se avecinda en la villa de Zafra a 137 km al Norte de la ciudad de Sevilla, pidiendo poco después auxilio a la Justicia, por haber sido agraviado, por haber sido tratado como un esclavo, así lo refleja en una instancia que el 3 de Junio del año 1622 eleva al propio Rey don Felipe IV de España, por la que solicita se le dé un Real Licencia para viajar a Honduras – muy próxima a las actuales Nicaragua y Guatemala, donde existía desde el año 1528 una significativa comunidad franciscana, que había fundado en Guatemala hacia el año 1580 el Convento de la Antigua y su Colegio de San Buenaventura en la provincia del Santísimo Nombre de Jesús, alcanzando la costa norte de Honduras hasta el año 1627 [25] – no sabemos si con la intención de regresar a Japón, empresa que según el historiador Víctor Valencia, fue probable no lograse, pues Japón había cerrado ya sus fronteras al exterior [26].

Tan solo cinco días después del testimonio dado por Fray Juan de la Cruz y Fray Francisco San Martín en la Casa de Contratación – en el que declaran el accidente de Fray Luis Sotelo – el 27 de junio de 1616, don Juan Agustín uno de los miembros de la embajada, solicita al Vicario General del Arzobispado de Sevilla, Licencia para contraer matrimonio con doña Ana de Barahona, lo que llevó al efecto. Alterándose de nuevo el despacho de embarque al embajador y los japoneses que le acompañan, el 5 de Julio, pues el Maestre de la Nao asignada ha enfermado y no puede salir. En la misma situación parece haberse encontrado el propio Embajador Hasekura que se hallaba en el Monasterio de Loreto 27, en la localidad de Villanueva en Espartinas.

El 9 de Agosto de 1616, Parten en la Nao Santa María y San Vicente, Fray Juan de la Cruz, junto con 13 japoneses de la Embajada de Keichô 26, hacia el Puerto de San Juan de Veracruz, en Nueva España con la esperanza de regresar a Japón. Quedando en contra de lo establecido en la Real Licencia el Embajador Hasekura, Fray Luis Sotelo y 11 japoneses de su séquito, que quedaron residiendo entre el Monasterio de Nuestra Señora de Loreto en Villanueva de Espartinas y el barrio de San Lorenzo en la ciudad de Sevilla.

El 4 de Julio del año 1617 se embarcan en la Flota de Indias, hacia el puerto de San Juan de Veracruz, en Nueva España, Fray Luis Sotelo, el Embajador Hasekura y 5 japoneses integrantes de la Embajada 26. Quedando en Sevilla 6 Japoneses, de los que al menos conocemos el nombre de tres: Don Thomas Fhelipe, que reside en Zafra, Don Juan Agustín, que establece su residencia en la Parroquia de San Lorenzo y don Pedro, residente en la misma collación de la ciudad de Sevilla.

Desconocemos el nombre de los otros tres tripulantes que no embarcaron, y si al menos dos de ellos, pudieron ser los que declararon en el expediente matrimonial de Juan Agustín, o si la causa por la que no embarcaron, fue por haber fallecido entre el 23 de junio 1617 y el 3 de julio 1617, probablemente como consecuencia de las fiebres que padeció el propio Embajador Hasekura, según sabemos por el testimonio dado por don Francisco de Tejada por carta fechada el 26 de agosto de 1616 al Consejo de Indias.[27]  En cuyo caso habrían podido ser sepultados o en el antiguo cementerio parroquial de San Lorenzo o en el del Monasterio de Nuestra Señora de Loreto en Espartinas.

De cualquier forma, a día de hoy, no hemos encontrado ni padrones de vecindad, ni partidas sacramentales, ni escrituras públicas, ni expedientes matrimoniales, ni ningún otro documento de la época de la Embajada de Keichô, que pruebe fehacientemente la estancia prolongada de la Embajada de Keichô en el municipio de Coria del Río. Sin perjuicio del interés histórico que de por si tiene la localidad de Coria del Río, como lugar, donde desembarcó la Embajada de Keichô, antes de hacer su entrada en la ciudad de Sevilla.

La suma de pruebas documentales y testimoniales que situaban a la Embajada entre la ciudad de Sevilla y Espartinas, nos llevaron a documentar el origen de los individuos de apodo o apellido Japón que vivieron en la villa de Coria del Río durante el siglo XVII y XVIII, principal argumento por el que se creía que la embajada residió en aquella localidad.

LOS JAPÓN

En una Segunda Fase, se analizaron todas las informaciones que habían sido publicadas sobre el supuesto origen japonés de Andrés Japón [28], Juan Martín Japón 26, Catalina Japón [29] – que resultó ser hija del anterior 26, Bartolomé Japón [30] y Bartolomé Rodríguez Japón marido Juana Benítez [31] vecinos que fueron del municipio de Coria del Río en el siglo XVII. Argumento – el apellidarse Japón – que fue usado por algunos autores, para atribuirles un supuesto origen japonés, como descendientes de los miembros de la Embajada de Keichô [32].   Siendo el principal objetivo de esta fase la localización, digitalización, trascripción e inventario de todo rastro documental sobre ellos, con el fin de reconstruir su vida y origen, verificando a través de ellos su supuesta relación con la Embajada de Keichô y su origen japonés, averiguando el posible origen de su apodo o apellido Japón.

Los Resultados fueron igualmente sorprendentes, pues se halló un importante rastro documental sobre aquellos individuos del apodo y apellido Japón que vivieron en Coria del Río durante el siglo XVII, y a los que se les había atribuido un origen japonés como descendientes de los miembros de la Embajada de Keichô. A través de sus propios testamentos, escrituras de dote matrimonial, escrituras de censo, arrendamiento, compra-venta, se pudo completar la información contenida en un padrón de la villa de Coria y las actas sacramentales de bautismo y matrimonio que ya se conocían por la prensa, a través de los cuales de pudo demostrar de forma plena e indubitada su ascendencia y origen, aspectos importantes sobre su vida en el municipio de Coria, viajes, matrimonios y descendencia. Así mismo se encontraron otros casos de individuos con el apellido y apodo Japón que no se encontraban relacionados con el municipio de Coria del Río.

Así mismo fue verificada la inexistencia de registros o referencias documentales anteriores al año 1636 en el municipio de Coria del Río, que nos ayudasen a reconstruir documentalmente el entronque de los vecinos que vivieron en Coria del Río durante el siglo XVII de apodo o apellido Japón, con los japoneses que formaron la Embajada de Keichô. Pues no existen registros parroquiales en este municipio anteriores al año 1636 en los que figuren individuos con el apodo o apellido Japón. Siendo la primera referencia del apellido Japón la de en un alistamiento para la Guerra de Portugal del año 1646 conservado en el archivo municipal de Coria del Río. Como consecuencia de lo cual se decidió continuar la investigación en la sede del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, donde se guardan, conservan y restauran con gran esfuerzo un amplio fondo documental, de obligada consulta a los Investigadores e Historiadores, fundamental para conocer y reconstruir con detalle, la vida, negocios, propiedades, deudas, acuerdos prematrimoniales, últimas voluntades, en definitiva el rastro documental, que a través de escrituras públicas han ido dejando los vecinos de Coria del Río y de la provincia de Sevilla, a lo largo de los siglos. En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, dentro del fondo de Protocolos Notariales, se pudieron localizar las escrituras otorgadas ante los escribanos de la villa de Coria del Río, entre las que pudimos localizar testamentos, escrituras de dote, de censo, de compra-venta o arrendamientos, a través de las cuales se pudo reconstruir documentalmente la vida, oficios, viajes, ascendencia y descendencia de la familia de aquel municipio apellidada Japón en el siglo XVII y su ascendencia y descendencia – abarcando el tiempo comprendido entre los siglos XVI y XVIII – como veremos a continuación.

De doña Catalina Japón, conocemos por el texto de su bautismo que fue celebrado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Coria del Río en el año 1667 – publicado integro por el investigador Víctor Valencia Japón 26 y omitido su contenido por Europapress 29 – según el cual, era hija de Juan Martín Japón y doña Magdalena de Castro. Sobre los progenitores de aquella niña bautizada como Catalina, se conserva una vieja escritura pública que fue otorgada el 30 de octubre del año 1660 [33] ante el escribano de la villa de Coria del Río, a través de la que Juan Martín Japón manifiesta su compromiso de contraer matrimonio con Magdalena de Castro, y en la que don Juan, declara ser hijo de Bartolomé Japón y Ana Benítez, mientras que su prometida Magdalena, declara ser hija de Marcos Méndez de Cabrera y Catalina de Castro ya difuntos en el año 1660. A través de lo cual se pudo probar que Juan Martín Japón, no era hijo de ningún japonés, sino que en realidad era hijo de Bartolomé Japón, que resulta encontrarse empadronado en Coria en el año 1646 13 y 17, siendo la identidad de este Bartolomé Japón la misma que la de Bartolomé Rodríguez Japón que diez años antes (1636) había dispuesto su matrimonio en la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Coria del Río, con doña Juana Benítez 18. De lo que se desprende que Juan Martín Japón y Magdalena de Castro debieron contraer matrimonio hacia el año 1661, naciendo tras su enlace y antes del bautismo de su hija menor Catalina en el año 1667, su hijo Marcos Japón, referenciado en algunas escrituras públicas otorgadas en aquel lugar como vecino de Coria del Río.

Así a través de la búsqueda del rastro documental de Juan Martín Japón, se probó que él, su hija Catalina Japón y Bartolomé Japón o Bartolomé Rodríguez Japón su padre, formaban una misma familia, adoptando Bartolomé el apodo “Japón” a partir del año 1636 unido a su apellido principal que era el de Rodríguez, pasando a sustituir el apodo por el apellido, que usó por primera vez en el año 1646.

En la búsqueda del rastro documental de Andrés Japón, a través de la que se pudiera verificar su supuesto origen japonés – la última de las incógnitas por despejar – se puso hallar el testamento de un nuevo individuo con el apellido Japón en Coria del Río hasta ahora desconocido. Nos referimos a Antonio Japón, vecino de la villa de Coria del Río que otorgó su testamento ante el escribano de aquella villa, don Vicente Álvarez Feyjo el 14 de enero del año 1704 [34], en el que se refleja su última voluntad de que se dieran 200 misas rezadas por sus padres Bartolomé Rodríguez Japón y Juana Benítez. Lo que confirma su parentesco en grado de hermano entero con Juan Martín Japón y sus padres comunes Bartolomé Rodríguez Japón, también conocido como Bartolomé Japón y Juana Benítez.

Llama la atención los negocios que refleja desempeñar en este viejo documento. En su propio testamento Antonio Japón, hace referencia a un negocio de explotación del pasaje de las barcas que parece darle significativos beneficios, reconociendo como uno de sus acreedores al Estado de Olivares, a quien “pertenecían las rentas del dicho pasaje de barcas”. Pues el término de Coria del Río, pertenecía a la Casa del Conde Duque de Olivares. Otro negocio, al que aparece vinculado a través del contenido de esta escritura, es el de las torres de de la villa de Coria, a cuyo cargo declara haber estado un año antes. Por otras escrituras, confirmamos que se trata del negocio de las torres de pescado muy popular antiguamente en los municipios pesqueros y ribereños. Consistente en la construcción de estructuras de madera en forma de torre con red que puestas a contracorriente atrapaban el pescado, que después era comercializado.   En la escritura de testamento, Antonio Japón declara haber contraído matrimonio con Ana de Ojeda que nombra albacea junto a Sebastian Bohorquez, dejando por herederos a partes iguales a sus siete hijos nominados como: Juan Japón, Antón de Campos, soldado de la milicia de Coria – como lo había sido su abuelo Bartolomé en 1646, Francisco de Ojeda, Francisca de Ojeda, mujer que fue de Juan Bolaños, Elvira Benítez que había contraído matrimonio con Bartolomé Franco, Bartolomé Japón de 26 años de edad (nacido hacia el año 1678) y Lorenzo Martín Corrales de 20 años. Llama la atención que tan solo en dos casos, el apellido Japón es transmitido a la descendencia de Antonio, adoptando la mayoría de sus hijos, los apellidos de su madre “Ojeda”, de su abuela “Benítez” o el de la familia de sus abuelos maternos “Corrales” o “Campos”. Lo que denota que Ana de Ojeda o Juana Benítez, poseían un mayor relieve social en el municipio de Coria que sus maridos.

Es buceando entre los protocolos del escribano de Coria Vicente Álvarez Feyjó, ante quien Antonio Japón había hecho su testamento, donde se pudo encontrar una escritura fechada el 31 de enero del año 1702 a través de la cual se arrienda “la renta del pasaje de la barca del puerto de Coria” por 1.400 reales de vellón pagaderos por cada tres años. En la que interviene como parte arrendadora don José Martín de Angulo, vecino de Sevilla y Tesorero del Monte fideicomiso de la Casa y Estado del Excmo. Conde Duque de Olivares y como arrendatario don Antonio Japón que es fiado por su hermano – como después se verificará – Andrés Japón [35]. Saliendo a la luz en los protocolos de Coria del Río por primera vez el nombre del ultimo individuo de supuesto origen japonés, que había dispuesto su matrimonio con una tal Leónidas Quevedo, siendo padres de un hijo que fue bautizado con el nombre de Miguel en la Parroquia de Santa María de la Estrella de Coria del Río en el año 1673. [36]

Entre los viejos protocolos del Oficio de don Vicente Álvarez Feyjó, aparece una escritura otorgada el 30 de diciembre del año 1701, en la que comparece Andrés Japón, vecino de Coria a quien el notario da Fe que conoce, manifestando el compareciente que se había querellado criminalmente contra Marcos Japón, su sobrino – vecino también Coria del Río – el 23 de diciembre de aquel año ante el Alcalde Ordinario Alonso Payan [37] por haberle herido, “siendo de su agrado y buena voluntad estando cierto y bien informado (…) otorgó que remite y perdona al dicho Marcos Japón su sobrino cualquier cargo o culpa que tenga, parezca tener y haber tenido por dicha causa (…)”.[38] A través del contenido de esta escritura, se confirma, que Marcos Japón – el que fuera hijo de Juan Martín Japón y Magdalena de Castro, bautizado con el nombre de su abuelo Marcos Cabrera – es sobrino de Andrés Japón, lo que lo convierte en hermano de Juan Martín Japón y de Antonio Japón al que avala en la escritura de arrendamiento de la renta del pasaje de barcas al Conde Duque de Olivares.

A través de diferentes escrituras de un tributo redimible insertas en el mismo protocolo de 27 y 28 de mayo de aquel año de 1701, se pudo verificar que Andrés Japón se encontraba muy vinculado a la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Coria del Río, a favor de la cual hipoteca su propia vivienda situada en la Calle de la Soledad, compuesta de “dos cuartos cubiertos de teja con un pedazo de sitio que sirve de corral con su pozo” apreciada en unos 2.500 reales de vellón. [39]   Así como que el verdadero nombre de la mujer de Andrés Japón, no era el de Leonidas de Quevedo, sino que en realidad era el de Dionisia de Quebedo, cuya confusión podría ser en principio atribuible a un error de lectura, interpretación o transcripción del nombre de la madre contenido en el acta de bautismo de su hijo Miguel Japón, obrante en el libro sacramental de bautismos correspondiente al año 1673 del Archivo de la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Coria del Río.

Del conjunto de lo expuesto y documentado se desprende que en los casos de apellidados Japón de la villa de Coria del Río entre los siglos XVII y XVIII, se tratan en todos los casos de individuos de una misma familia, cuyo tronco común converge en don Bartolomé Rodríguez Japón, también conocido como Bartolomé Japón, vecino que fue de Coria del Río.

Para verificar el supuesto origen japonés de Bartolomé, se busco su rastro documental en los Archivos Parroquial y Municipal de Coria del Río, el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, los Archivos de la Institución Colombina y el Archivo General de Indias. Confirmándose que Bartolomé Rodríguez Japón contrajo matrimonio en el año 1636 con Juana Benítez en la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella, y que es a partir del 27 de abril del año 1646 cuando figura en un padrón vecinal de la villa de Coria del Río con el apellido Japón, en la forma Bartolomé Japón, como residente en la Calle Larga, también conocida como calle Nueva, para ser alistado en la Guerra con Portugal con la edad de 36 años, de lo que se desprende, que nació entre los años 1609 y 1610, entre cinco y cuatro años antes de que llegase la Embajada de Keichô al Puerto de Coria del Río. Lo que descarta cualquier posibilidad de que Bartolomé fuera hijo de alguno de los japoneses que formaron parte de la Embajada.

Por otra parte se pudo verificar – tanto en los Archivos Municipal y Parroquial de la villa de Coria del Río – que el primer individuo que aparece inscrito con el apodo o apellido Japón es Bartolomé Rodríguez, a partir del año 1636 – es decir, veintidós años después de la llegada de la Embajada de Keichô a la ciudad de Sevilla y diecinueve años después del embarque de regreso del Embajador Hasekura con un reducido grupo de japoneses. De lo que se desprende que el uso del apodo primero y apellido después Japón se debió a algún hecho ocurrido en el periodo de tiempo comprendido entre el año 1614, en Bartolomé era un niño de entre cuatro y cinco años y pudo ver junto a su familia y vecinos de Coria del Río el desembarco de la Embajada de Keichô camino de Sevilla y en el año 1636, en el que Bartolomé ya es un adulto de veintisiete años y comienza a usar el apodo “Japón”, junto a su apellido Rodríguez en su acta de matrimonio. Para lo cual se estudió el rastro documental que pudiera existir de Bartolomé Rodríguez comprendido entre esos años (1614 – 1636), en los protocolos notariales de la villa de Coria del Río, conservados en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, cuyo resultado fue sorprendente.

El primer documento en el que se nomina a Bartolomé Rodríguez es una escritura otorgada el 27 de julio del año 1627 ante el escribano de Coria del Río don Andrés Meléndez para la realización de un retablo para la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Coria del Río, en la que figura como cofrade de ella Bartolomé Rodríguez [40]. Un año después, figura en otra escritura de arrendamiento del cortijo de Encina a Hernando Correa Bolaños, otorgada ante el mismo escribano el 10 de marzo del año 1628, en la que se inserta un apoderamiento de Juan Tello de Tavera otorgado ante el escribano de Sevilla Rodrigo de Abreu el 5 de noviembre de 1627 a favor de Bartolomé [41]. El 13 de Febrero del año 1630 otorga su testamento en la villa de Coria del Río, ante el escribano don Pedro García Cabriano, declarando ser natural de la villa de Coria del Río[42]. Aunque pudiera parecer sorprendente que alguien tan joven dictase sus últimas voluntades a un Escribano, era práctica común entre aquellos individuos que poseían en propiedad bienes raíces e iban a iniciar un largo viaje – como así lo testimonia el propio testador declarando en él, que esta próximo a embarcarse en la flota que va para Tierra Firme en Indias. En la escritura pide, que en caso de fallecimiento su cuerpo sea sepultado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Coria del Río a la que aparecerá vinculada su descendencia. En el mismo documento declara la identidad de sus padres, Juan Martín y Catalina Pérez, vecinos de aquella villa de Coria del Río, lo que remota la línea familiar al siglo XVI, siglo en el que vivieron sus padres. Por último declara que al fallecer su madre, quedaron algunos bienes muebles y dinero de la herencia en poder de Alfonso García Tinoco, de los que deberá rendir cuentas, junto unas casas en la calle de La Soledad, la misma calle donde años después su hijo Andrés declara tener su domicilio [43] que son suyas y de su hermana Juana Márquez, dejando en su ausencia la parte de la casa a su hermana – es de destacar la relación de confianza que Bartolomé Rodríguez mantenía en aquella época con Alfonso García Tinoco, pariente próximo que debió ser del presbítero don Alfonso Lázaro Tinoco y Mayorga, que en el año 1673 administraría el sacramento del bautismo a su nieto Miguel el hijo de Andrés Japón.

También, se pudo verificar, Bartolomé Rodríguez, vecino de Coria del Río e hijo de Juan Martín, se embarca como grumete en la Nao San Juan que integraba la compañía del General Alonso de Mújica y Buitrón. Por la descripción que Fray Pedro Simon hace del recorrido de los navíos de la Armada que iban a Tierra Firme [44] y la información extractada del proceso contra el Maestre de la Nao un año después [45] – en la que figura como tripulante Bartolomé Rodríguez, hijo de Juan Martín y vecino de Coria del Río – sabemos que partió del Puerto de Sevilla, hacia Tierra Firme, haciendo escala en Isla Margarita, donde recogió las rentas producidas por el 1/5 Real sobre perlas. Continúa su camino hasta el Puerto de Cartagena de Indias, donde permanecen parte del mes de Mayo y Junio. Allí descargan y cargan productos manufacturados; ente ellos esclavos. El 24 de Junio, llega al Puerto de San Juan de Portobello. Un mes después sale en dirección a la Habana, en la Isla de Cuba, donde permanece su tripulación hasta el mes de septiembre, en que parte de la Isla de Cuba en dirección a la Isla Terceira, donde la Nao carga 9 cajones de azúcar.

El 5 de febrero del año 1631, la Nao San Juan, llega al Puerto de Cádiz, donde de oficio, el Doctor Rodrigo Serrano, Fiscal de S.M. abre una causa contra su Maestre de la Nao el Capitán Juan Ponce Garnica, acusado de haber atracado en la Bahía de Cádiz, sin autorización, no llevar en la Nao certificación ordinaria con el registro real de mercancías, pues viajaba con esclavos y productos no declarados y de haber dejado 16 personas de su tripulación en Indias sin autorización. A pesar de los alegatos del Maestre de la Nao, el Capitán Juan Ponce Garnica, por los que mantenía que si había atracado en la Bahía de Cádiz, fue por problemas técnicos de la Nao; que así mismo no había registro de mercancías, pues había salido del Puerto de Sevilla sirviendo como barco de guerra en la Armada Española, lo que le dispensaba llevarlo, pues no era barco mercante; por otra parte si había esclavos en la Nao sin declarar, es porque eran para su propio servicio doméstico, mientras que los cajones de azúcar y demás productos que llevaba sin registrar eran para consumo de su tripulación y regalos a familia y amigos; por último si bien era cierto que no toda la tripulación que figuraba en las listas se encontraba en ese momento en el barco, era por no encontrarse en la Nao en el momento de la inspección por encontrarse en tierra buscando provisiones y materiales para arreglar los desperfectos de la Nao. A pesar de sus alegatos, fue condenado por la Justicia Ordinaria.

Durante el proceso aparece una descripción de la tripulación del barco en la que se describe a Bartolomé Rodríguez como: “mediano, rehecho, ojos pardos, barbitaheño [46]” de unos 24 años de edad. Aunque en una descripción posterior en el mismo documento, se le calcula una edad de unos 20 años, lo que en principio situaría su nacimiento entre el año 1607 y 1611 – entre 7 y 3 años antes de la llegada de la Embajada de Keichô al Puerto de Coria del Río. Parece más plausible la idea de que Bartolomé Rodríguez hubiese nacido en el año 1607 y tuviera 24 años de edad, lo que justificaría que con 20 años y emancipado figurase en algunas escrituras públicas del municipio con el pleno goce de sus derechos civiles.

Bartolomé Rodríguez, regresa a la villa de Coria del Río en septiembre de aquel año de 1631 de su aventura americana. Es en esos años, donde debió conocer a la que sería su futura mujer Juana Benítez, utilizando por primera vez el apodo “Japón” en su acta de matrimonio, tan solo cinco años después de su regreso de América.   Del conjunto de lo documentado se prueba que el apodo “Japón”, que comienza a usar Bartolomé y que convierte y transmite como apellido, no necesariamente guarda una relación directa con la presencia de la Embajada en Coria del Río o prueba una supuesta ascendencia con alguno de los miembros de la embajada de Keichô como se había especulado hasta ahora. Sino más bien parece estar relacionado con un viaje que Bartolomé realiza a América, lo que podría estar relacionado con aquella comunidad de japoneses que formaron parte de la Embajada y no consiguieron regresar a su país de origen, quedándose en América o bien con el comercio entre Japón y el Imperio Español a través de Filipinas y los puertos de Manila y Acapulco.

En las últimas escrituras públicas en las que figura Bartolomé con vida, usa la denominación Japón, indistintamente como apodo o apellido, unido en algunos casos al apellido de su padre Juan Martín, en la forma Bartolomé Martín Japón en el 25 de enero de 1648 [47]. O simplemente como Bartolomé Japón en el 6 de octubre del año 1662 en una escritura de tributo de 4 reales a favor de la Fábrica de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Estrella de aquella villa, en la que declara ser vecino de Alonso García Tinoco.

 

 

 

 

 

 

Otro caso singular de apodo o apellido Japón, relacionado con América, es el que encontramos en el fondo de Expedientes Matrimoniales del Archivo Histórico del Arzobispado de Sevilla, el del “mulato” Juan de la Cruz Japón, originario de la ciudad de Santa Fé de Indias – en el actual Nuevo México – donde declara haber nacido, por su edad, en torno al año 1600 [48]. En el declara ser libre y solicita Licencia para contraer matrimonio con la “esclava negra” Gracia de Torres, de origen portugués, propiedad del Jurado de la Ciudad de Sevilla don Melchor de Torres y de la Cámara. Durante el procedimiento declara ser hijo de padre desconocido, lo que justificaría en principio el uso de su primer apellido “de la Cruz” [49]. Declara haberse encontrado en Cartagena de Indias – indicio de que pudiera ser hijo de una mujer esclava, pues era aquella ciudad y su puerto la capital del comercio humano en aquella época – el mismo lugar donde parece ser desembarcó Bartolomé Rodríguez, treinta y dos años después de donde podría derivar su apodo “Japón”.

 

 

Fragmento del encabezamiento del Expediente Matrimonial (a. 1617) Archivo General del Arzobispado de Sevilla (Institución Colombina) Secc. Vicaría General – Exp. de Matrimonios Ordinarios, Letra J, Legajo 06828 (antiguo 1182)

Si bien es cierto, que en el expediente incoado en el año 1617 declara llevar viviendo en Sevilla unos tres años – el mismo año en que llegó la Embajada de Keichô a la ciudad (1614), pudiendo haber formado parte del servicio que la acompañó – curiosamente omite toda referencia a ella, una circunstancia demasiado notable para obviar a la que si hace referencia el expediente de don Juan Agustín. A día de hoy carecemos de los elementos de prueba necesarios para verificar si Juan de la Cruz formó parte del servicio de la Embajada de Keichô, sin embargo, si tenemos constancia de que desde finales del siglo XVI, el Puerto de Sevilla, era uno de los más activos de Europa y en aquel año atracaban  naves de diferente naturaleza, carabelas, galeones, naos, carracas, urcas, bajeles y pequeñas embarcaciones como las polacras, jabeques, tartanas y pataches… Una gran variedad, con diversas denominaciones en unos y otros tipos, estando integradas las Flotas por más de 80 navíos, de un total de 200, quedando otros 200 para el servicio de Portugal, Canarias y demás puertos. Lo que hace improbable que el mulato Juan de la Cruz Japón, viajase con la Embajada japonesa y mucho más probable que su apellido o apodo procediera de América. Corresponde pues, a los Americanistas continuar estas nuevas líneas de investigación que relacionan el origen del apodo y apellido Japón con en Vera Cruz, Honduras, Santa Fe de Indias y Méjico.

 

 

 

 

 

 

PIES DE PÁGINA:

[1] Domínguez y Domínguez-Adame, Mauricio “Protocolo y Ceremonial en la Ciudad de Sevilla” Pag. 598 Ed. ICAS Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2013.

[2] Domínguez y Domínguez-Adame, Mauricio “Protocolo y Ceremonial en la Ciudad de Sevilla” Pag. 599 Ed. ICAS Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2013.

[3]

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1930/10/26/033.html

[4] Contreras Rodríguez-Jurado, José de “Informe sobre la Embajada de Keicho” Legajo. 4 Pieza 3 Archivo Privado de la familia Contreras, Sevilla.

[5] Procede de la palabra “dai” = grande + “myô” = siglas de myôden = tierra privada

[6] Domínguez y Domínguez-Adame, Mauricio “Protocolo y Ceremonial en la Ciudad de Sevilla” Pag. 271 Ed. ICAS Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2013.

[7] Domínguez y Domínguez-Adame, Mauricio “Protocolo y Ceremonial en la Ciudad de Sevilla” Pag. 282 Ed. ICAS Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2013.

[8] Domínguez y Domínguez-Adame, Mauricio “Protocolo y Ceremonial en la Ciudad de Sevilla” Pag. 285 Ed. ICAS Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2013.

[9] Sacerdote Jesuita licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona, se trasladó a Japón en 1955 en donde realizó estudios de especialización de arte oriental. Allí, ejerció como profesor de Arte Español y Arte Oriental en la Universidad Sophia (Jôchi Daigaku) de Tokyo. A su vuelta a España, ha sido profesor de Arte Oriental en la Universidad de Sevilla, y ha impartido cursos de la misma materia en las universidades de Zaragoza, Málaga y Granada. En el año 1994, Fernando García Gutiérrez, S.J, ha comisariado la exposición, organizada por los gobiernos de Japón y España en Madrid, Momoyama: la Edad de oro del Arte Japonés. Destacan sus numerosas publicaciones sobre arte nipón, y sobre la relación entre Japón y Occidente. Sus estudios y conocimientos han sido reconocidos por el Emperador de Japón, quien, en 1993, le concedió la Cruz de la Orden del Tesoro Sagrado con distintivo de Rayos dorados y Roseta. También ha sido premiado por la Fundación Consejo España-Japón en 2011. En la actualidad es director de Misión de Japón en España, y Director Diocesano del Patrimonio Histórico-Artístico de Sevilla y Vice-Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.

[10] EXPEDIENTE MATRIMONIAL DE DON JUAN AGUSTÍN Y DOÑA ANA DE BARAHONA – Archivo General del Arzobispado de Sevilla (Institución Colombina) Secc. Vicaría General – Exp. de Matrimonios Ordinarios, Letra J, Legajo 07824 (antiguo 2091)

[11] Lo que quiere decir, no católicos.

[12] Koichi Oizumi, José y Gil, Juan “Historia de la Embajada de Idate Masamune el Papa Pulo V (1613-1615); Por el Doctor Escipión Amati Intérprete e Historiador de la Embajada” Pág. 62 Ed. Doce Calles, Madrid 2011.

[13]De la Cámara” o Ayuda de Cámara 1.m. “Criado cuyo principal oficio es cuidar del vestido de su amo. “ Diccionario de la Real Academia Española 22ª Edición, Madrid 2001.

[14] Hall, John Whitney  “Japan : from prehistory to modern times.” Ed. Charles E. Tuttle, Tokyo 1980.

[15] Fecha estimada, en que pudieron regresar los miembros de la Embajada de Madrid a Sevilla, dato extraído de la obra de Takashi Gonoi, “Hasekura Tsunenaga” Ed. Yoshikawa Kôbunkan, Tokyo año 2003.

[16] Dicha ubicación complementaria a la del Monasterio de Loreto, cuya edificación, era mucho menor que la actual, fue planteada por primera vez en el año 2013 por el Investigador Angel L. Schlatter Navarro en su obra “La Estancia de la Embajada de Keicho en Espartinas

[17] Diaz de Noriega y Pubul, José “La Blanca de la Carne en Sevilla” Pag. 13 Ed. Hidalguía, Madrid 1976.

[18] http://parroquiadesanlorenzo.blogspot.com.es/search/label/Historia%20de%20la%20Parroquia

[19] Sicardo, Fr. José “De la cristiandad del Japón” Pág. 420, Madrid ao de 1698.

[20] http://www.hermandaddelasoledad.org/index.php?option=com_content&view=article&id=60&Itemid=65

[21] Don Diego Caballero de Cabrera y Tello (* Sevilla 1602 – 1676), bautizado en la Iglesia Parroquia de San Martín el 6 de julio de 602, fue hijo de doña Leonor Tello y del Caballero Veinticuatro don Diego Caballero de Cabrera y Sotelo, hermano entero de Fray Luis Sotelo de Deza. Fue recibido como Caballero Veinticuatro de la ciudad de Sevilla a la muerte de su padre en el año 1645. Fue Señor de Espartinas, Caballero de la Orden de de Caballería de Santiago, Capitán de las Milicias Urbanas y Alcalde de la Santa Hermandad por el estado Noble. Dispuso su matrimonio en Sevilla con doña Ana de Taboada.

[22] Schlatter Navarro, Ángel Luis “La Estancia de la Embajada de Keicho en Espartinas” © Organismo Autónomo Local del Ayuntamiento de Espartinas. Pág. 39. Espartinas, 2013. Depósito Legal SE-1218-2013

[23] Archivo General de Indias, Sig. AGI_CONTRATACIÓN_5352_N.21

[24] Schlatter Navarro, Ángel Luis “La Estancia de la Embajada de Keicho en Espartinas” © Organismo Autónomo Local del Ayuntamiento de Espartinas. Espartinas, 2014

[25] Acevedo Montúfar, Alba América “Provincia Franciscana del Santísimo Nombre de Jesús en el Reino de Guatemala (Nueva España)” Ed. Universidad de San Carlos, Guatemala 2004.

[26] Valencia Japón, Víctor “De Japón a Roma pasando por Coria 1614-1620)” publicado en la Website del Excmo. Ayuntamiento de Coria del Río. Sevilla 2011

http://www.ayto-coriadelrio.es/opencms/opencms/coria/municipio/Historia/aportaciones/hasekura.html

[27] Schlatter Navarro, Ángel Luis “La Estancia de la Embajada de Keicho en Espartinas” © Organismo Autónomo Local del Ayuntamiento de Espartinas. Pag. 44. Espartinas, 2013. Depósito Legal SE-1218-2013

[28] Suárez Japón, Juan Manuel, “Japones y japoneses en las orillas del Guadalquivir (In Memoriam Virgilio Carvajal Japón)” Pág. 278 Ed. Fundación Cajasol. Sevilla 2007.

[29] Referencia del bautismo de doña Catalina Japón Publicada por Europapress el 13 de junio del año 2013 en un artículo titulado ”Un descendiente del embajador Hasekura visita Coria del Río”

[30] Referencia Publicada en una entrevista realizada a don Juan Manuel Suárez Japón por el Diario “20 minutos” el año 2008 http://www.20minutos.es/noticia/263527; Ver (Nota 13)

[31] Publicado en el año 2012, en el blog de la escritora doña Cintia G. Miranda, Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Málaga

http://cintia-g-miranda.suite101.net/coria-del-rio-es-japonesa-a47969

[32] http://www.youtube.com/watch?v=9KM6Tlfu1bQ&sns=em

[33] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Cória del Río, Legajo 22.276, fol. 168.

[34] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Cória del Río, Legajo 22290 Fol. 208.

[35] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22295-P año 1702, Fol. 276.

[36] Publicada en el año 2007, en la pag. 278 de la obra “Japones y Japoneses en las orillas del Guadalquivir (In memoriam Virgilio Carvajal Japón)” coordinada por don Juan Manuel Suárez Japón, y editada por la Fundación CAJASOL

[37] Que era como antiguamente se denominaban a los Jueces delegados por el Alcalde Mayor o Corregidor, que residían en pequeños municipios en los que juzgaban las causas civiles y criminales en primera instancia.

[38] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22295-P año 1701, Fol. 266.

[39] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22295-P año 1701, Fols. 76 y 79.

[40] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22197-P año 1627, Fol. 159.

[41] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22197-P año 1628, Fol. 68.

[42] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo

[43] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22.295, folio 76 recto y 76 vuelto

[44] Simón, Fray Pedro, “Noticias Historiadores de Venezuela: el escritor Fray Pedro Simon” parte III, pag. 14, Ed. Biblioteca Ayacucho, Venezuela 1992.

[45] Archivo General de Indias, CONTRATACIÓN, 648–Autos Fiscales (1631-1632) – Auto 1º del año 1631 (Ramo 10).

[46] de barba pelirroja.

[47] Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Secc. Protocolos Notariales – Coria del Río, Legajo 22.285-P, folio 41.

[48] Archivo General del Arzobispado de Sevilla (Institución Colombina) Secc. Vicaría General – Exp. de Matrimonios Ordinarios, Letra J, Legajo 06828 (antiguo 1182)

[49] Era uso y costumbre que acabó legislándose en la Primera Ley del Registro Civil algunos siglos después, que en aquellos casos de niños de padre desconocido mayores de un mes, se inscribían con el apellido de su madre o precedido este de la denominación “de la Cruz, de la Calle, de la Iglesia, de la Villa”. Lo que ha quedado hoy ha quedado Regulado por el Art. 61 D.L. 1260/70 adicionado Art. 277 Num. 9 Dto. 2737/89 y Dto. 158/94 de la Ley del Registro Civil.

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