Decoración navideña de una Navidad sin Cristo

Editorial navideño de nuestro director sobre el verdadero sentido de una Navidad que desvirtuamos hasta convertirla en un cuerpo sin alma, en una falsa imagen de sí misma.




Texto y foto: el Conde de Bobadilla.


Mis ojos se deslizaban sobre la superficie iluminada por mil pequeñas bombillas, intentaba buscar algún sentido que pudiera descifrarme qué mensaje intentaban expresar por medio de ellas: las formas, los dibujos, repetidos mil veces, parecían agotarse en sí mismas sin mayor significado, como si fuera un conjunto de letras, como mucho de palabras, que no alcanzaran a decir nada, que se consumieran en una belleza un tanto fría, efímera e insustancial…  

Me venían a la mente las iluminaciones navideñas de mi ciudad, como de cualquiera otra ciudad de España, durante mi niñez e incluso, pensándolo bien, hasta no hace tan poco… Eran alumbrados llenos de significado, en su contexto más auténtico, el que le da sentido: el de la Navidad cristiana, que celebra el nacimiento de Cristo, y no el de la Navidad comercial, el de la Navidad pagana y de lo políticamente correcto, en el que lo políticamente correcto, es celebrar el advenimiento del Mesías de las compras o las fiestas de invierno.  

Estamos en un mundo desvirtuado, decía Chesterton que las novedades modernas eran ideas cristianas que se habían vuelto locas, y nada más loco que celebrar la Navidad -natividad- olvidando deliberada y artificialmente a Aquél de quien se conmemora su nacimiento. Algo propio de un mundo secularizador que cree que el “cuerpo” de una sociedad puede vivir si le cortamos el alma, olvidando que un cuerpo sin alma no es un cuerpo sino un cadáver… Y esto es lo que ha pasado con la Navidad actual, sustituto laicista y descafeinado de la cristiana. Se me figura, pues, esta celebración como si fuera una fiesta de cumpleaños, imaginaos que la vuestra, a la que estuviéramos invitados todos los demás, y en la cual nos dedicáramos a hacernos regalos entre nosotros, a comernos la tarta, y todo ello dejándote al margen, sin siquiera saludarte, felicitarte, regalarte, y dedicándonos a cambiar todas las fotos tuyas de la casa por bolas de colores, estrellitas luminosas o arbolitos pretenciosos con más guirnaldas que lazos el vestido de una chica cursi…  

Desde Numen os invitamos a redescubrir la Navidad más auténtica, ajustando esas “ideas cristianas que se había vuelto locas” a la cordura y a su maravilloso sentido de un Dios que se hace niño para sacrificarse por nuestra redención…

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El Conde de Bobadilla
El Conde de Bobadilla

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