Fallece el Marqués de Rafal (G. de E.)

Luis Miguel García y Lozano de Rocamora realiza un sentido recordatorio de su amigo y pariente el Marqués de Rafal, quien deja un hueco muy importante en el mundo de la nobleza, de la cultura y de la defensa del patrimonio.

 

Texto: Luis Miguel García y Lozano de Rocamora. Foto de archivo -Manolo Gómez-. 

 

El pasado día 7 de diciembre, al hablar alrededor de las 13 horas de la mañana con mi estimado amigo Juan Gualberto de Balanzó y de Solá, me trasladaba el fallecimiento el día anterior (6 de Diciembre) en Barcelona del Excmo. Sr. D. José María de Quadras y de Caralt, Conde de Sant Llorens de Munt, Caballero Gran Cruz de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Recientemente fue distinguido por el Cardenal Gran Maestre de la Orden, con el título de Lugarteniente de Honor de la Lugartenencia de España Oriental. Pérdida muy sentida, y sobre todo en el Capítulo Noble de Aragón de quien tan buen gobierno hiciera del mismo.

Sin embargo, horas después me comunicaba mi madre una terrible noticia que nadie esperábamos, pero que sabíamos llegaría. Dicho día, alrededor de las 17 horas, fallecía en  Madrid, Don Santiago Pardo Manuel de Villena y Berthelemy, de Egaña,  Marqués de Rafal, y en su día Marqués de Villa Alegre de Castilla y Marqués de Valdesevilla (estos dos ya en manos de dos de sus hijos por distribución del titular).

En la tarde del lunes 9, fue enterrado en Orihuela a las 3 de la tarde en su Santa Iglesia Catedral, donde tantas veces había asistido a misa; donde años antes dio el “sí quiero” su hijo Iván; donde había asistido a tantas celebraciones. Templo que tanto él como todos sus antecesores en el título habían ayudado en momentos de esplendor y en momentos más críticos. Bajo las bóvedas góticas de la Capilla Mayor despedíamos de modo íntimo a Santiago, para posteriormente darle sepultura en el panteón familiar, tal y como era su deseo, y donde descansan sus antepasados desde el siglo XIX. Donde están sus abuelos, sus tíos y sus padres.

Yago de Rafal era una gran persona; familiar lejano y amigo pese a la diferencia de edad que entre nosotros existía. Pérdida muy sentida para el mundo de la cultura española, de quien deja pendiente terminar de escribir la historia de los Rocamora, linaje del que procedía su título y que era su orgullo, y a su vez, era el primer representante del mismo, pues si algo tenía claro era, ser oriolano sin ser de Orihuela, y ser un Rocamora sin tener ya dicho apellido desde el S. XIX.

Santiago deja huérfanos como cabeza de linaje a muchos que lo apreciábamos.

Persona trabajadora, afable, dulce, cercana, resuelta, discreta, educada, delicada, siempre dispuesta a ayudar, interesada en el trabajo de quien fuera, al que siempre podía aportar algo.

Pero si algo había que lo calificara era el ser una gran persona.

Sufrió en sus carnes la historia reciente de España. Nació en París a consecuencia de la huida familiar de la República hace 81 años. Recuperada la paz, se trasladó a vivir a España junto a su familia, y muy próximo a su abuelo el XIV Marqués de Rafal, Alfonso Pardo y Manuel de Villena, de quien heredó su interés y amor por Orihuela, por la historia, por el arte, por el patrimonio cultural y por su linaje. Fueron los estudios e investigaciones de su abuelo, académico de Academia de la Historia y de la Lengua, los que le incitaron a seguir sus pasos.

Dejando a un lado dedicaciones profesionales, fue caballero del Real Estamento de Gerona, y del Santo Cáliz de Valencia. Como Grande de España, perteneció a la Diputación de la Grandeza, de la que además fue secretario. En ella y fuera de ella, trabajó en favor del Patrimonio histórico español, fue el impulsor de la Asociación de Casas Históricas y Singulares de España, posteriormente Fundación, de la que fue presidente y presidente de honor. Y entre otras cosas, a este humilde servidor prologó su primer libro con muchísimo cariño, tal y como a él le caracterizaba.

En Santiago siempre se observaba la mirada viva y el interés por el conocimiento, con auténtica fascinación por cada cosa que descubría o que le descubrían. Para ello, no dudaba en encerrarse en los archivos de este país durante días o semanas. Bibliófilo hasta la médula y amante del arte, confesaba ante unos pocos (permíteme la licencia Santiago) ser un admirador de Gregorio Fernández en una tierra en la que sólo se admite ser admirador de Salzillo.

La humildad de Rafal, pese a sus grandes logros profesionales, nunca lo convirtieron en una persona apartada de la realidad social de su momento, sino todo lo contrario. Interesado por el avance o retroceso del País, regiones o municipios con los que tenía relación, gustaba de leer la prensa de modo completo y de varios periódicos a diario, de los cuales no dudaba en recortar para conservar en su magnífico archivo familiar que recorre desde el S. XIII cuando llegó la familia Rocamora a Orihuela, hasta el s. XXI, el cual era su orgullo y tenía en estado de revista. En él, a tres documentos dispensaba un especial cariño; dos me los reservo y el tercero, una cariñosísima carta de la reina María Luisa de Parma a doña Antonia de Heredia y Rocamora, VIII Marquesa de Rafal, Condesa de la Granja de Rocamora y Baronesa de la Puebla de Rocamora y antepasada suya.

Recuerdo con mucho cariño, las largas conversaciones que manteníamos sobre todo en dos de los salones de su Palacio de Orihuela, en los que hacía vida comúnmente. Conversaciones en las que casi siempre finalizábamos riéndonos de alguna cosa más o menos intrascendente, tras haber dado repaso a temas muy variados, hecho que reflejó en su cariñoso prólogo que me legó. Persona con tan alto conocimiento a nada se resistía.

Con especial sentimiento retengo las palabras que me dedicó al enterarse de que me hacían colegial del Real Colegio de España en Bolonia, haciéndome notar que no sólo era un logro intelectual, sino que posiblemente fuera el primer oriolano desde el S. XVI que pisara dicha centenaria institución, como colegial, desde que fuera el Cardenal Fernando de Loazes, según él tenía constancia (y con mi posterior investigación, no tuve más que darle la razón).

La última de las ocasiones en las que pude hablar con Santiago, fue antes de volverme a Bolonia. Dos veces nos vimos en las dos semanas de Pascua de este año. La primera martes santo al llegar él a Orihuela, donde volvimos a dar un repaso a los proyectos que tenía en mente; la segunda jueves de Pascua, día previo a marcharme al cruzamiento de la Orden del Santo Sepulcro en Barcelona de donde volvería a Italia y él lo haría a Madrid.

Tras su retorno, y tras años de lucha, en ese mismo mes de abril le comunicaron que nuevamente precisaba de tratamiento por tercera vez de la misma enfermedad, de la enfermedad que tiempo antes se llevó a su única hija.

Él me confesaba que estaría recibiendo tratamiento hasta diciembre. Sin embargo, Dios decidió llamarlo a su presencia en este mes, tiempo en el que esperaba terminar con su tratamiento. Pese a su lucha ilusionada, recientemente me reconocía que se encontraba débil pero luchando, para posteriormente, pasar a decirme en octubre que ya no se encontraba en condiciones para ocuparse de nada dado su estado de salud.

Sin embargo, al tercer intento, la enfermedad se lo ha llevado en la víspera de la Inmaculada, Patrona de España. El salón principal de su palacio lo presiden dos retratos de Felipe V (como recuerdo del pasado) y Carlos III (como recuerdo de quien tanto benefició al linaje y al título al concederle la Grandeza de España) y una Virgen Inmaculada de taller Holandés; su entrada la preside un azulejo cerámico de Manises (Valencia) de la Patrona de Orihuela. La Madre de Dios está presente por todo su Palacio; y en el día grande de la Virgen ha sido llamado a su presencia, entregándose a sus brazos para que Ella lo presente ante Dios Todopoderoso, protegiéndolo entre sus maternales brazos.

Ahora es a ti a quien te toca interceder por nosotros.

 

Descansa en Paz tras tanta lucha.

 


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