Hace cien años: La Gran Vía madrileña comienza a hacerse realidad

El Rey Don Alfonso XIII inaugura la construcción de esta arteria madrileña que constituyó un auténtico hito en la historia del urbanismo de la capital española.

 


Gonzalo de Villarrubia.
Dedicado a la memoria del I Marqués del Valle de Tena -G. de E.-, Presidente de honor de ABC, recientemente fallecido, quien representó a lo largo de su ejemplar vida personal y profesional los altos valores que inspiraron a su abuelo a fundar este prestigioso medio de comunicación: el compromiso con la verdad que debe presidir siempre el periodismo, así como un profundo amor y fidelidad por Dios y por la Iglesia, por España y por la Corona.

El empeño del Rey Don Alfonso XIII por modernizar España, produjo excelentes frutos en multitud de aspectos: Ciencia, Artes, Industria, Urbanismo, etc, lo cual posibilitó un avance notable de nuestro país durante su reinado, caudal que tanto esfuerzo costó construir y que tan lamentablemente fue echado a perder durante la II República y la posterior guerra civil, en cuyo caldo de cultivo tan inconscientemente el gorro frigio nos sumergió. Pero bueno, esas nubes tormentosas aún quedaban lejos de la escena que traemos hoy a nuestra sección cuando, justo ahora hace un siglo, Alfonso XIII, daba el primer golpe de piqueta para iniciar así las necesarias obras de demolición previas a la construcción de la Gran Vía madrileña.

El acto, fue revestido de una gran solemnidad. Se levantaron para la ocasión tres tribunas en la calle Alcalá -ver foto-,  a la altura de lo que hoy es el edifico Metrópolis, antes del Fénix. La principal, cubierta con un dosel y decorada con tapices de la Real Fábrica de la serie de la historia de Absalón, sería ocupada, una vez diera comienzo este, por la Familia Real; Alfonso XIII, acompañado por la Reina Victoria Eugenia, la Reina madre María Cristina, las Infantas María e Isabel y los Príncipes Leopoldo de Battenberg y Adalberto de Baviera. A ambos lados de la misma se situaban sendas tribunas: una para los miembros del Ayuntamiento y otra para el Cuerpo diplomático, que fueron también adornadas con tapices de la Real Fábrica, en este caso de la serie de los Faetones. La asistencia tanto del Rey como del Alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, del Presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas, y de casi todos los  Ministros, no haría sino subrayar la importancia que revestiría el acto. Pero, también hubo otro gran protagonista que no podemos olvidar: el pueblo, fondo permanente de la Historia, como expresaría el gran Unamuno…

Y es este pueblo el que, más madrugador que nadie, se agolpaba para no perderse nada. A las 10,30, las autoridades y demás invitados empezaban a ocupar sus respectivos sitios. Entre las autoridades destacaremos al Ayuntamiento en Corporación bajo mazas, al Capitán General, al Obispo de Madrid, a los jueces de instrucción, etc. Poco después llegarían, de uniforme, Canalejas y todos los ministros, a excepción del de Hacienda que se encontraba indispuesto.

Con  respecto al transcurso de la ceremonia seguimos principalmente al diario ABC.

A las 11,00 ya habían llegado todos los invitados, entre ellos se dejaron ver el Duque de Maura, ex Presidente del Consejo de Ministros, el Señor de la Cierva, director de Obras Públicas, el señor Gómez de la Serna, varios diputados provinciales, un buen número de concejales, así como a los ex Alcaldes de Madrid Señores Vincenti, Aguilera, Conde de Peñalver, Marqués de Portazgo, Marqués de Lema y el Marqués de Aguilar De Campoo. Ocupado la tribuna diplomática, Los Embajadores de Inglaterra y madammes Hess y Lowenstern.

Momentos después fueron llegando el coche de S.M. la Reina Doña Cristina, que descendió acompañada por su Dama de guardia la Marquesa de Heredia Spínola; el de la Infanta Doña Isabel, que lo hizo acompañado por la Marquesa de Nájera; el la Infanta Doña Teresa, por la Condesa de Mirasol, y el del Infante Don Fernando,  por su hermano el Príncipe Adalberto.

Tanto el Alcalde como los Primeros Teniente de Alcalde obsequiaron a las Augustas Señoras con sendos ramilletes con porta-bouquets de seda.

A las 11,20 sonó de nuevo la Marcha Real para recibir a SS.MM. los Reyes, que acudieron acompañados del Príncipe Leopoldo. Don Alfonso XIII vestía el uniforme de capitán general, con largo capote gris y casco, Doña Victoria Eugenia, un traje negro de terciopelo, boa de armiño, y sombrero azul con plumas negras.

La comitiva de los Soberanos estuvo constituida, según pormenoriza el ABC de la época, por la Duquesa de San Carlos como camarera mayor; la Marquesa de Viana como dama de guardia; la Condesa de los Llanos; los jefes de Palacio, los Marqueses de la Torrecilla y de Viana y el Duque de Santo Mauro; el general Conde del Serrallo, jefe de la Casa militar; el Conde del Grove, ayudante secretario; el general de la Armada, señor Boado; el Marqués del Real Aprecio, el mayordomo de semana; y el señor Álvarez de Toledo, primer caballerizo.

SS.MM. y SS.AA. se situaron a la derecha del estrado, y el Alcalde de Madrid les presentó al párroco-rector de San José, cuya casa sería la primera en ser demolida, mientras el Señor Canalejas mostraba la piqueta inaugural, realizada en plata y oro y grabada con una inscripción alusiva al protagonismo histórico que iba a adquirir tan sólo un momento después. Acto seguido, Don Alfonso XIII conversó brevemente con el concesionario de la obra -que le fue presentado por el Alcalde y el Presidente del Consejo de Ministros-, y, junto con el resto de la Familia Real, tomó asiento. A Su derecha lo hicieron el Gobierno y las autoridades, a Su izquierda el Ayuntamiento. Con la venia de S.M y del Presidente del Consejo de Ministros, el Alcalde de Madrid pronunció un discurso en el que expresó su agradecimiento por los esfuerzos empleados por sus antecesores en la Alcaldía, Señores Vincenti, Conde de Romanones, Marqués de Aguilar De Campoo, Duque de Santo Mauro, Conde de Mejorada, Conde de Peñalver, Aguilera, así como por los arquitectos Salaberry y Octavio. Tras su intervención, el Presidente del Gobierno, se acercó al Rey y pronunció unas breves palabras que culminaron con un “¡Viva el Rey!, entusiásticamente coreado por la multitud.

Su Majestad, acompañado del Presidente del Consejo de Ministros y del Alcalde de Madrid, se dirigió a la rectoral de San José, primer edificio en ser demolido, golpeando con la piqueta  la jamba de una de sus ventanas. Tornó S.M al estrado en donde, por último, firmó el acta de comienzo de las obras. La Gran Vía empezaba a ser una realidad.

Pero la Gran Vía, como todo en la vida, tiene su origen previo y un desarrollo posterior. La iniciativa de Napoleón III por transformar París, y el buen hacer del Barón Haussmann en este sentido, abrió desde mediados del S XIX el apetito por realizar en la capital de España una nueva gran avenida. No es de extrañar esta circunstancia, ya que la influencia de Haussmann se plasmó en diversas ciudades europeas como Viena, Londres, Florencia o Bruselas, y expresó un nuevo urbanismo, basado en un mejor trazado, mayores condiciones de higiene, y una mayor facilitación del tránsito.

El proyecto de establecer una gran arteria interna que atravesara parte del casco urbano madrileño, conoció varios intentos que no llegaron a buen puerto y que consistieron en unir Sol con la estación del Norte o en realizar un eje entre la plaza de la Cebada y Fuencarral. En 1897 triunfa la idea definitiva: unir Alcalá con la Plaza de San Marcial (hoy de España) por medio de un pasillo que permitiera establecer comunicación directa entre los barrios de Argüelles y Salamanca, lo cual también serviría para descongestionar Cibeles. Igualmente se buscaba convertir esta calle en un punto de encuentro de los madrileños, así como en área recreativa y comercial. La Gran Vía albergó los primeros grandes almacenes de la ciudad, tiendas de lujo, salas de cine y cafés, que cambiaron para siempre los hábitos de ocio y compras: la modernidad de cualquier ciudad europea o americana se había instalado en el corazón de la Villa y Corte.

La redacción del proyecto fue encargada a los arquitectos José López Salaberry y Francisco Octavio Palacios. El plan se aprobó el 2 de julio de 1901 y resultaba verdaderamente ambicioso pues implicaba demoler, a lo largo de sus tres tramos, un entramado de 358 fincas y 48 calles, que liberaron un espacio lineal de 1.316 metros de longitud, que se fue llenando de nuevas edificaciones hasta que fue terminado de ejecutar allá por el año 1929, dentro del periodo alfonsino, si bien es cierto que la entrega de las obras de la última parte se produjo ya en el año 1932, y algunos de sus edificios no se terminaron hasta después de la Guerra Civil.

La estética de la Gran vía, al formar parte de un plan unitario, presenta homogeneidad con respecto a la altura de sus edificios y al común ancho de la calle, si bien es cierto que, al estar realizados los tramos a lo largo de varios años -como acabamos de ver-, se observan diferencias estilísticas en los edificios que los ocupan. Los del primer tramo, desde Alcalá hasta la Red de San Luis, son los más hermosos, presentan una estética historicista, mediante la que se recupera el pasado patrio, con sus aristocráticas fachadas neobarrocas y neorrenacentistas, e incluso hay algunas de evidente influencia francesa. Constituye, sin duda, la zona más elegante de la calle y siempre fue dedicado al comercio de lujo, aunque últimamente este ha perdido algo de importancia, simultaneándose con tiendas menos especializadas. En las del segundo tramo -de la red de San Luis hasta Callao- se percibe un mayor aumento de dicha influencia francesa e incluso también se hacen presentes edificios de estilo americano. Es la Gran Vía de los Grandes almacenes y de las grandes cadenas internacionales de ropa. Y en el tercer y último tramo -desde Callao hasta la Plaza de España-, es donde se encuentran las construcciones más modernas, de estilo racionalista, aunque en algunas de ellas también perdura el eclecticismo. Es el Madrid de los cines exitosamente reconvertidos en salas de espectáculos hasta el punto de pasar a ser conocido como el “Broadway madrileño”.

Sí es de lamentar que no siempre se haya respetado el “medio-ambiente arquitectónico”, y que algún que otro engendro de cristal haya venido, con tan poco acierto, a sustituir edificios originales. Sería una magnífica idea -y una oportunidad perdida para este primer centenario- demoler estas dos o tres construcciones que tanta belleza restan a la Gran Vía y poder rescatar la estética propia de esta hermosa arteria madrileña.

Cumplidos el pasado 4 de abril cien años del inicio de las obras, SS.MM. los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados por el alcalde de Madrid, los concejales de la Corporación municipal, PP, PSOE e IU, presidieron los actos con los que se acaba de conmemorar su primer siglo de vida. Los Monarcas llegaron con exquisita puntualidad a la esquina de la Gran Vía, a la altura de la Iglesia de San José, donde fueron recibidos por las autoridades y por el pueblo, que quería compartir ese momento histórico y expresar su amor por sus Reyes por medio de la multitud de ¡vivas! que preñaron de calor popular el aire madrileño. SS.MM. descubrieron un monumento que recrea, a modo de maqueta, la célebre calle madrileña.

Esta primera parada estuvo amenizada con la orquesta, que interpretó el famoso pasodoble “Dos de mayo”, del maestro Chueca, autor de la zarzuela “La Gran vía”. Pero el programa continuaba, y sus Majestades subieron al coche para contemplar, en el número 24 de la misma calle, la interesantísima exposición sobre fotos históricas de esta calle que ha cedido el prestigioso diario ABC. Fueron acompañados durante la misma por el Ministro de Fomento, José Blanco; el Alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón; y el Director de ABC, Ángel Expósito. Ruiz-Gallardón, en el transcurso de su oportuna oratoria, destacó que, dentro de un siglo, en las celebraciones del segundo centenario: «otros representantes serán los que estén aquí, pero lo que estará seguro es el afecto de los madrileños a la Corona».

Fuentes consultadas: para poder realizar este artículo hemos recurrido a muchos de los periódicos y revistas más destacados de la época: “La ilustración española y americana”, “Nuevo mundo”, “Blanco y negro”, etc. Ninguno narraba el acto con tanto lujo de detalles y saber hacer  como nuestro querido diario “ABC”. Con respecto a los libros, hemos consultado varios, destacando: “La Gran Vía: historia de una calle”. Con respecto a la web, señalamos Wikipedia.

Si quiere ver las imágenes en su tamaño real, pinche aquí

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