“Las mujeres de los embajadores”, “Viajar sin dinero”, “El arribista”

La prensa de hace un siglo nos trae hoy cuestiones como la de las mujeres de los embajadores españoles en distintas legaciones, resultando las Marquesas de Muni y de Herrera, o las la Condesas de Viñaza y de San Luis, ejemplos de ello. Por otra parte “la aventura de viajar sin dinero” cobra actualidad gracias a la crisis, y con “el trepa”, recordaremos a este espécimen de la fauna humana.

 

“Las esposas de los embajadores”.

 

Que detrás de un gran hombre hay una gran mujer es algo que suele afirmarse, lo cual ha llevado a la curiosidad, en más de una ocasión, de querer saber qué mujer hay detrás de muchos hombres que han destacado. Hoy, con la integración plena de la mujer en el mercado laboral, quizás esta cuestión carezca de tanta importancia, toda vez que las mujeres pueden brillar con luz propia sin tener que hacerlo a través de sus maridos, y habría que empezar a preguntarse si también detrás de cada gran mujer hay un gran hombre.

En todo caso, como el nombre de esta sección es “hace 100 años” y antes las cosas eran de otra forma, sí que pareció resultarle interesante a la prensa de hace un siglo realizar un reportaje sobre las esposas de algunos de los embajadores que España tenía repartidos principalmente por Europa. De estas “embajadoras” se destaca que “contribuyen en gran parte a orillar las dificultades que surgen de los acontecimientos políticos o mundanos”, e igualmente que “son ellas quienes, con suma delicadeza, manejan el capítulo tan arriesgado de las relaciones y poseen hasta tal punto el sentimiento de discreción que debe presidir en la elección de sus amistades, que logran reunir en sus salones, sin afectación y sin causar enojosos disgustos a nadie, a la sociedad más selecta y escogida de la capital en donde residen”.

De la Marquesa de Muni, a quien ponen como ejemplo primero de recoger en sí todas estas prendas propias de la perfecta “embajadora”, se afirma que “su inagotable amabilidad, su exquisita distinción y su perfecto conocimiento del mundo encantan a todos los que la tratan. Tiene el don, inapreciable en el elevado puesto que ocupa en la diplomacia, de encontrar en todas las ocasiones la palabra que ha de dejar satisfechos a sus interlocutores, y para cada uno de éstos la expresión de cariñoso interés y las frases amenas fluyen de sus labios”.

Por su parte la señora de Ramírez de Villa-Urrutia, esposa del embajador en Londres, “ha sabido captarse desde un principio la amistad de las damas inglesas, cuyo trato es de los más exquisitos e inalterables en cuanto tienen ocasión de apreciar el talento de las personas que atraen sus simpatías”.

En Rusia, la Condesa de Viñaza, mujer del representante de España, es apreciada por “su ilustración, su excepcional entendimiento, su experiencia en el mundo y su amabilidad sencilla y espontánea”

En Alemania, la señora de Polo de Bernabé, “que pertenece por nacimiento a una de las familias aristocráticas más consideradas y queridas en la Corte, la de Méndez-Vigo, es también de las damas más amables de nuestra sociedad. Su cultura y la adorable amenidad de su trato ha contribuido a llevar a nuestra embajada en Berlín, además de los elementos oficiales, un círculo numeroso y escogido de personas ilustres en las ciencias, en las letras y las artes”.

Continuando por Europa central, de la Marquesa de Herrera, esposa del representante en Viena, se subraya su profundo conocimiento del mundo diplomático, “por haber vivido en él casi siempre” -fue hija del Marqués de Aguilar de Campóo, Ministro que fue de Estado-. Dada la reciente incorporación de su marido a la embajada de España en Austria al momento de publicarse este artículo que hoy citamos de la prensa de hace cien años sólo se puede afirmar de ella que “ocupará seguramente en la Corte de Austria un puesto preferente entra las damas diplomáticas”.

Igualmente la Marquesa de Prat de Nantouillet resultaba ser la esposa de un embajador de reciente destino en Constantinopla, en donde se asegura cuenta esta Dama con muchas simpatías.

Ya en el continente africano, la señora de Merry del Val “que ha seguido a su esposo a nuestra legación en Tánger, es dama muy conocida en la alta sociedad madrileña: su elegancia, su donosura, y su charme, le aseguran siempre un puesto preferente en las reuniones del gran mundo”.

De regreso en Europa, la Condesa de San Luis, “dama tan bella como linajuda, que posee el don encantador de atraer a cuantos tiene la ventura de tratarla”, es la consorte del embajador en el Reino de Portugal. -Unos meses después, la tristísima revolución de 1910, pone fin a la Monarquía portuguesa que hoy tan dignamente representa el Duque de Bragança-.

Por su parte la señora de Riaño, “esposa de nuestro Ministro en Copenhague, es una distinguida y amabilísima dama, y en su encantadora hija tiene un precioso e inestimable auxiliar para hacer los honores de la embajada”.

En la Haya, por último, “la esposa de nuestro Ministro es la señora de la Rica, la cual goza de simpatías sin cuento en la sencilla Corte de la reina Guillermina”.

Pues bien, este fue el interesante bosquejo que hoy traemos a relación de esa prensa de hojas amarillentas que tan interesante nos resulta destacar como hacemos hoy con estas mujeres de que quienes se afirmaba que “tanto contribuyen, en virtud de la alta representación que ostentan sus respectivos maridos, a despertar y fomentar las simpatías hacia España con las que personalmente ellas mismas inspiran”.

“Viajar si un solo céntimo”.

El hombre tiene la habilidad de superarse a sí mismo, de ponerse a prueba muchas veces sin motivo aparente, a veces por las cuestiones más absurdas, y también de sellar esta aventura con una apuesta. Es capaz de abandonar sus casa, su bienestar, y lanzarse a un mundo de incomodidades sólo por saber de qué pasta está hecho -aunque también compense otra “pasta”: la que embolsarse en el caso de ganar-. Esto debieron de pensar los dos protagonista de esta noticia, Mr Odin, de Francia, y Mr. Ogeny, de Rusia, de paso por Madrid hace ahora cien años, cuando decidieron calzarse las botas y recorrer a pie 40.000 kilómetros para dar la vuelta al mundo y sin un solo céntimo que emplear en ello, algo que nos recuerda a Willy Fog, de nos ser porque, si bien éste disponía de menos tiempo, sí que podía usar todos los medios de locomoción al alcance, y gastaba espléndidas cantidades de dinero.

Hoy día tenemos un programa, de esos tan insólitos que suelen emitir de telerealidad, en el que 10 parejas participantes tienen que recorrer 10.000 Kms -es decir la cuarta parte-, pudiendo usar medios de locomoción para ello, y con la motivación de ganar un premio de 100.000 euros, además del dinero que consigan en cada etapa. Además estos modernos aventureros disponen de un euro al día por persona, lo cual no es que sea mucho, pero desde luego es más de lo que disponían nuestros simpáticos aventureros de hace ya cien años…

“A un arribista”.

Cuando miro la ansiedad

con que tu audaz impaciencia

busca la notoriedad,

siento profunda piedad

por tu agitada existencia.

En “llegar” cifras tu anhelo,

con admiraciones sueñas,

y, cuando tiendes el vuelo,

en tus afanes desdeñas

las flores que brinda el suelo.

Corres, sin ver esas flores

que son encantos de amores;

que son dicha en el presente,

corres, cual corre entre hervores

el espumoso torrente.

No envidio el raudo correr

de tu febril anhelar;

si hemos al fin de parar

en los mares del no ser,

¿a qué ese afán por llegar?.

M.R. Blanco-Belmonte.

Nihil novum sub sole, como dirían los latinos…

 

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El Conde de Bobadilla

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