Martín Boneo, arquitecto de la ciudad.

 

Un “porteño” famoso del siglo XVIII desconocido en la Buenos Aires del siglo XXI.

 

Martín Boneo y Sanseverino. El 6 de junio se cumplen 208 años de la muerte del marino español Capitán de Navío Martín Boneo y Villalonga, quien cumpliera una vasta y brillante labor en el Virreinato del Río de la Plata.

Boneo, nacido en Palma de Mallorca el 18 de junio de 1759, llegó a estas tierras en la gigantesca expedición (116 barcos) que mandó Carlos III en 1776 para recuperar la isla de Santa Catalína y la provincia de Río Grande (actual Brasil), y la Colonia del Sacramento (actual Uruguay), usurpadas por los portugueses y fundar un nuevo virreinato que se opusiera a la expansión de Portugal en América del Sur. La expedición estaba comandada por Pedro de Cevallos, nombrado al mismo tiempo virrey provisional. En otra de las naves viajaba Diego de Alvear y Ponce de León, el futuro padre de Carlos María de Alvear.

Ambos, Boneo y Alvear, formarían parte de dos de las cuatro comisiones de límites que, constituidas de hecho en 1783, debían establecer con otras tantas comisiones portuguesas las fronteras definitivas entre los dos reinos en el sur de América. Estas comisiones surgieron del Tratado de San Ildefonso, firmado en octubre de 1777 en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso por el conde de Floridablanca, en representación de Carlos III, y Francisco Inocencio de Souza Coutinho, en nombre la reina María I de Portugal. En realidad, el tratado era un acuerdo de paz entre las dos naciones, y establecía entre otras cosas la libre navegación de los ríos en las zonas fronterizas comunes, sobre todo el Paraguay y el Paraná.

Por el lado español se convocó para integrar las comisiones a las personalidades más destacadas del panorama científico europeo de entonces (cartógrafos, geógrafos, agrimensores, astrónomos, etc.). Aparte de marino, Boneo tenía conocimientos de matemáticas y arquitectura. Alvear era también astrónomo.

Boneo fue designado por el virrey Vértiz segundo comisario de la tercera comisión, presidida por quien pronto se convertiría en el primer naturalista argentino y uno de los más célebres del mundo, el aragonés Félix de Azara. Su centro de operaciones estaría en las cercanías de Asunción y su ámbito de actuación lo constituirían los ríos Paraguay y Paraná principalmente. Alvear fue el primer comisario de la II Comisión.

La única de las comisiones que no cumplió su cometido fue la tercera, que esperó en vano a su contrapartida portuguesa cerca de diez años. Fue durante esta desasosegante espera que Azara se dedicó a la investigación de la flora y fauna sudamericanas, y que Boneo realizó una importante labor hidrográfica y geodésica, se adentró en el Matto Grosso y navegó los ríos Tebicuarí, Paraná y Paraguay. En las márgenes de este último descubrió dos fuertes portugueses ilegales (Nueva Coimbra y Albuquerque).

Sin embargo, no se le permitió investigar directamente ninguno de los dos, así como tampoco proseguir su navegación río arriba. Este doble descubrimiento y la descripción del curso del Paraguay fueron las acciones más notables de la tercera comisión en su campo. Gracias a ese descubrimiento se evitó el avance lusitano en lo que hoy sería el Paraguay

Concluido su trabajo como comisionado, Boneo volvió en 1792 a Buenos Aires, donde al año siguiente se casaría con la porteña Cipriana Viaña Pérez Dávila, hija de Toribio Viaña, un poderoso comerciante de la capital. De este matrimonio nacerían cinco hijos.

En la ciudad, fruto de sus conocimientos arquitectónicos y matemáticos, obtendría importantes encargos oficiales.

El primero de ellos vendría del virrey marqués Gabriel de Avilés para ocupar el cargo de intendente de policía de Buenos Aires, el primero también de su historia. (Hay que aclarar que la palabra “policía” no tenía las connotaciones actuales; en realidad, el intendente debía supervisar o realizar directamente las obras públicas de la capital.) Como tal, se encargó en persona de proyectar el empedrado de la ciudad, con  piedras que hizo traer de la isla Martín García. Hasta entonces Buenos Aires había sido una ciudad con calles de tierra que se inundaban en invierno y se llenaban de polvo en verano.

Otros virreyes le hicieron otros encargos. Así surgieron por iniciativa y planos de Boneo, el Teatro de Comedias, la Recova de la Plaza Mayor o la segunda y última Plaza de Toros (en la actual Plaza San Martín), una lujosa y amplia construcción que venía a reemplazar a la ya entonces desaparecida, precaria y peligrosa, del barrio de Monserrat.

Famoso entonces Boneo en la ciudad, fue llamado por el secretario perpetuo del flamante Real Consulado, Manuel Belgrano, para construir el primer muelle de pasajeros y carga de Buenos Aires, con la colaboración del ingeniero español Pedro Cerviño, que también había integrado la tercera comisión de límites.

Sin embargo, los intereses del puerto de Montevideo harían fracasar el proyecto, cuando ya estaba en avanzado estado de realización. El gobernador de la plaza presionó sobre la Corte, y ésta ordenó paralizar el proyecto. Buenos Aires recién tendría su muelle 51 años después, durante el gobierno de Urquiza.

Como intendente de policía, Boneo nunca fue bien visto por el Cabildo, que reclamaba para sí sus prerrogativas y que pretendía que se lo reintegrara a sus tareas como marino en España.

En su larga puja, la corporación municipal finalmente triunfó y Boneo recibió la orden real de volver a España en 1804, tras casi treinta años de prolífica estancia en el virreinato, de haberse convertido en un criollo más y de haber fundado una familia también criolla (su mujer, Cipriana Viaña, que no lo acompañaría en su viaje de regreso por haber recién dado a luz su último vástago, sería con el tiempo integrante de la Sociedad de Beneficencia fundada por Rivadavia y presidida por Mariquita Sánchez de Thompson).

Una vez en Palma, Boneo fallecería poco después, el 6 de junio de 1805. Simbólicamente, ese mismo día un furioso temporal acabaría del todo con los restos de su frustrado muelle de Buenos Aires.

Un reconocimiento tardío y vano: Carlos IV lo había nombrado gobernador e intendente de Huancavelica, en el Perú.

Otro en vida: en 1794, Boneo fue cruzado caballero de la Orden de Santiago.

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