Pequeña historia de una talla familiar de la Virgen de los Dolores.

Hoy, festividad de Nuestra Señora de los Dolores, publicamos la evocadora reseña de esta preciosa talla, ocultada y salvada de la fiebre iconoclasta de la II República y la Guerra Civil española, que supone una herencia de fe para la familia que lleva varias generaciones rindiéndole culto.

 

 

Texto y foto: Domingo Martínez. Mi abuela era muy devota de la Virgen de los Dolores. Desde que en 1920 mi abuelo le comprara la imagen que le pidió, esta talla siempre ha estado en casa y ha protegido nuestro hogar. Desde pequeño la recuerdo encima de la cómoda de su dormitorio. Forma parte de la identidad familiar.

Cuando corrían los años previos a la Guerra Civil española, hubo que ocultar la imagen de la Virgen en un chinero de nuestra casa. Algunos se preguntaran qué es eso, pues bien: los chineros eran los armarios hechos de obra que había a cada lado de la cocina de carbón o de leña en la que se guisaba. Su contenido eran platos, cubiertos, cerámica, loza, figurillas chinas (de ahí el origen de su nombre) y otros enseres, así como la leche que se compraba cada día. En el fondo de uno de los dos chineros de la cocina se colocó la talla de la Virgen y se le practicó un muro delante, que vendría a ser el nuevo fondo del chinero, quedando ésta “emparedada”. Y en el otro chinero se hizo igualmente otro muro, restándole la misma profundidad para que nadie pudiese sospechar, ya que, cuando bajaban las brigadas milicianas tocando en las puertas, había que abrir sí o sí, y si había algún objeto o imagen religiosa la destruían: o bien dentro de la misma casa, o bien quemadas en las calles, o arrojadas a las acequias de agua después de romperlas… Así se destrozaron muchas imágenes de Salzillo, Roque López y otros escultores del XVIII, verdaderas obras de arte.

En uno de esos chineros, tras el tabique superpuesto, estuvo escondida nuestra Virgen durante la II República y toda la Guerra Civil (1936 – 1939), y, cuando al fin se pudo sacar, volvió a su lugar: que era la cómoda de mis abuelos. Posteriormente estuvo en la de mis padres. Y ahora forma parte de mi estudio. Desde su pequeña hornacina, sigue protegiendo a todos los habitantes de la casa, como ha hecho durante tres generaciones. Se le tiene muchísimo cariño y devoción. Espero que continúe por muchos años más formando parte de la mejor herencia familiar.

Muchas gracias a todos los que hayáis perdido un poco de vuestro valioso tiempo en leer estas sencillas letras.

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Imagen de la Virgen de los Dolores.

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