Reflexiones sobre el Rally Dakar

Una competición siempre tiene que ver algo con la vida, la lucha y el afán de superación por conseguir alcanzar tus sueños, con las dificultades que ello comprende, las hermana…

 

 

Zizi Kessler. Argentina.

Dakar…su nombre suena al charol de la noche cuando el cielo se vence en estrellas… Dakar… ciudad lejana de África que conlleva en su historia y geografía los tórridos meandros de una raza recordada en el sudor de la servidumbre desde América… Revivida cual azabache por un parisino, que la vio como lugar ideal para unirla a París en el comienzo del más espectacular de los Rally, hoy trasvasado a nuestro continente desde hace unos años y recibido con loas y extrema simpatía. Desafío, si los hay,- como en nuestra propia vida diaria-, este Rally une este año a tres países de nuestro continente: Argentina, Chile y Perú: desde la Perla del Atlántico a la colonial Lima, una travesía que suena a sangre, sudor y lágrimas, a esfuerzos titánicos físicos, espirituales, morales, intelectuales. Los laureles de la corona vencedora están hechos con la resistencia humana al tiempo y al espacio, al desafío ante las altas temperaturas del ardiente sol del Nihuil y el contraste insólito de las nevadas en Paso San Francisco .Cuánto de inalcanzable hay en el alma de un rallista del Dakar, cuántos sueños de vencedor asoman en el espíritu de un conductor, que ve sus manos arrancadas del volante por los golpes y sus ojos nublados en las serranías inhóspitas y anónimas de nuestro continente… cuánto sueño en ese desafío capaz de probar el alma en las abruptas trepadas de las altas dunas y en las caídas a los abismos de insospechada existencia; vadenes, lagunas, charcales , pequeñas poblaciones, paso por ciudades, montañas y desiertos, tragados por esa sed devoradora de distancia. El hombre es medido por su resistencia y su capacidad de adaptación a los cambios, en un rango de altísima exigencia caracterizada por el ansioso y divino deseo de llegar y ser distinguido por ello y luego por su orden de arribo. Ser triunfador en el Rally Dakar es tener un pasaje a la categoría de héroe humano, por eso los espectadores estamos en vilo sobre ellos proyectando nuestro destino sobre los suyos, ya que en su triunfo está el nuestro así como en su derrota, nuestra desazón y dolor, aunque luego veamos que el intento de hacer algo y no lograrlo, no está necesariamente ligado a una derrota.  

Cuán maravillosa es la naturaleza humana, capaz de arrancar una expresión comprensiva del profundo dolor de una madre que ha perdido a su hijo en un accidente en el Rally. Muy conmovedor es dejar la vida en un desafío pero más conmovedor es una sonrisa de dulzura enviada por quien queda vivo al que se fue en alas del triunfo inalcanzable. Vaya este párrafo en homenaje no sólo al motociclista que perdió su vida poco antes de llegar a la culminación de la primera etapa, sino a todos los que la perdieron en esta lucha por participar directa o indirectamente, como actor o espectador, ya que las categorías mueren justamente en los límites de la vida.  

No quiero cerrar esta reflexión sin dejar de mencionar el papel de la tecnología mecánica y comunicacional que tienen una importancia complementaria de indudable valor. Pero por sobre todo, honra a los hombres que sueñan desde sus puestos de lucha, auxiliados por sus equipos y familias, en esta pelea de hombre frente a los obstáculos de la Naturaleza geográfica, de los órdenes morales, físicos, intelectuales y espirituales, donde la resistencia y hasta el factor de lo imponderable le presentan el mejor de los desafíos para saber que se puede vencer, sí, y llegar al final luego de una larga travesía, exactamente igual al trazado de nuestras propias vidas, con la única diferencia que la llegada para todos los hombres, será recibida por nuestro Señor, pero ya en las Alturas de lo eterno.

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