Rolls-Royce, la victoria del mito

Rolls-Royce ha sido considerada a lo largo de su historia la casa de automóviles más lujosa y exclusiva del mundo. Desde su creación, la marca de la doble R se ha visto imbuida en una atmósfera donde la leyenda se ha unido a su propia historia creando un producto tan excelente que llega a parecer un espejismo.




Texto: Lucas Montojo.


Recursos gráficos cedidos por la marca. 1906 fue el año del nacimiento de la compañía de Charles Rolls y Henry Royce, y el año del debut en su conjunta aventura automovilística con la creación del Rolls-Royce Silver Ghost, el que es considerado el mejor coche jamás construido. Ya sólo su nombre, que significa “fantasma de plata”, evoca a la fantasía.

Su radiador frontal sería rematado en aquel 1906 con la forma de un templo clásico, aspecto del que Rolls-Royce ha hecho su seña de identidad hasta nuestros días, y que en cierta manera otorga a estos automóviles un carácter sacro que evoca a un glorioso pasado clásico. Esta afirmación que a muchos les puede parecer una exageración, toma sentido cuando se observa que el frontón griego que decora el radiador de los Rolls-Royce, está coronado por una figura femenina bañada en plata y fabricada a mano, denominada “El Espíritu del Éxtasis” y descrita por su creador, el escultor Charles Sykes, como “una pequeña y graciosa diosa”. Por si quedaba alguna duda del carácter divino y de excelencia del que se quería dotar a los Rolls-Royce, esa figura no es otra cosa que una versión de la famosa Victoria alada de Samotracia del año 190 aC y atribuida a Pithókritos de Rodas. Construida, muy probablemente, para presidir la proa de un navío en celebración por las victorias sobre Antíoco III Megas.
Con ese sentido de victoria, unos 2200 años después continúa presidiendo, como si de un barco se tratara, las proas de los coches más lujosos del mundo, pero esta no es la única curiosidad que relaciona esta marca con la excelencia.

En 1934 la escultura de Sykes fue modificada, y pasó a adoptar sobre el capó de algunos modelos una posición de genuflexión, muy probablemente en señal de respeto o pleitesía hacia sus nobles ocupantes, en muchos casos miembros de la realeza o del gobierno de diferentes países, aumentando con este gesto, por si fuera poco, la carga simbólica en algunos modelos muy especiales. Por ejemplo, el Rolls-Royce Phantom IV era de venta exclusivamente reservada a reyes o jefes de Estado, independientemente de la fortuna que tuviera un posible cliente. Esta premisa junto a que únicamente fueron construidos 18 en todo el mundo, de los cuales hoy sobreviven 16, hace que el Phantom IV sea considerado el coche más exclusivo del mundo.

Se cuenta que cuando los Rolls-Royce estaban recién fabricados, su motor era puesto en marcha mientras un operario colocaba una moneda de canto sobre el capó y comprobaba que tras arrancar el coche la moneda seguía en esa posición. En caso de caerse, el coche no sería apto para la venta y tendría que ser desmontado y vuelto a montar correctamente. Prueba muy gráfica pero poco precisa ya que la moneda no era sometida a la vibración del bloque del motor sino al trepidar del motor en vacío.

En 1907 un redactor de la revista “The Autocar”, tras probar el modelo Silver Ghost, plasmaría en su columna su sorpresa al comprobar el suave sonido que emitía el automóvil mientras era conducido, y aseguraba que el mayor sonido que se oía en su interior era el proveniente del segundero del reloj. Opinión que años después retomaría la marca Rolls-Royce convirtiéndola en su lema: “A 60 millas x hora, el único sonido que se escucha en un Rolls-Royce, es el tic-tac de su reloj eléctrico, pero vamos a solucionarlo.”).

Rolls-Royce es hoy fruto de la unión continua durante sus 106 años de historia de realidad y fábula, pero es indudable que ha logrado fraguar una leyenda que permanece viva en cada coche que fabrica, porque los mitos, mitos son.

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