SANTOS Y DIFUNTOS: GENEALOGÍA Y FE.

Texto: el Conde de Bobadilla. Todos tenemos una genealogía, hay unas más conocidas y otras más por descubrir, aunque todas tienen la misma antigüedad. Estás genealogías, de las que somos eslabón y forjamos cadena con nuestros antepasados y descendientes, forman la unión de la familia, de la misma forma que, sumadas también en gracia a las de los demás cristianos, constituyen la unión en la Iglesia. Este es un cruce genealógico de tal magnitud, que todas las estirpes conectamos espiritualmente unas con otras o, mejor dicho, todas con todas, a tal punto de formar en Cristo una única familia. Y ello sin ningún presupuesto genético, tan sólo el de estar unidos en gracia a Cristo. Esa familia se apellida Iglesia.

El Día de Difuntos, esta familia grande de los cristianos celebramos la festividad de todos aquellos que nos han precedido en la fe y que aún no han alcanzado el poder gozar la presencia de Dios porque se están purificando en el purgatorio. Es la denominada “Iglesia purgante”, y rezamos por ella, especialmente este día, con la idea de acortar su estancia en el purgatorio.

El Día de todos los Santos, “redondeamos”, celebrando también la de quienes habiéndose purificado en el purgatorio, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. Constituyen la Iglesia triunfante, y rezamos por obtener su intercesión, habida cuenta su cercanía a Dios. Aclaramos que, mediante esta festividad, no se trata de celebrar a los santos y beatos que están en la lista de canonizados, sino también a todos los que viven en la presencia de Dios.

Nosotros, los que oramos por unos y pedimos la intercesión de otros, somos la Iglesia militante, porque militamos en la Iglesia aquí, en la tierra. «A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final. Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo» (Gaudium et spes, 37).

Esa comunión -común unión- entre las personas que estamos unidos a Cristo por medio de la gracia se denomina “Unión de los Santos”, en virtud de la cual, quienes peregrinamos por el mundo podemos orar por quienes se purifican, y quienes alcanzaron la gloria pueden interceder por los otros.

No nos distraigamos tanto de lo esencial con celebraciones ajenas a la tradición y a la fe que nos transmitieron nuestros abuelos. Aprovechemos estos días para rezar y pedir la intercesión de quienes nos precedieron en nuestro árbol genealógico y de todos aquellos con los que nuestros lazos no son genéticos sino espirituales, pues todos juntos formamos en Cristo una sola familia, la Iglesia, para alabanza y gloria de la Trinidad.

Sin comentarios

Deje un comentario

Suscríbete a nuestra newsletter

Revista digital sobre la excelencia, escrita por la excelencia y para la excelencia.

SÍGANOS EN LAS REDES SOCIALES