Último concierto de Andrés Carlos Manchado en Córdoba

El que fuera director durante años de la sección de música de nuestra edición impresa, sorpende a la ciudad del Guadalquivir con una maravillosa improvisación sobre San Rafael, arcángel custodio de la misma.

 

Texto: Beatriz Belén Aguilera Jurado, Catedrática de Piano y Directora de Orquesta. Fotos: Manolo Gómez.

Hace entrada un mágico sonido lleno de estrellas. No hace falta la luz de los techos. Simplemente, las frecuencias sonoras de ese piano que el Curandero de Dios sopla desde el Orbe celeste se transforman en haces de energía lumínica que ni las nubes, ni la noche consiguen apagar ni empequeñecer. Esos hilos de luz sonora recorren los nervios de arcadas centenarias y no logran detenerse ni reposar en ninguna parte, hasta llegar al metal azul de Orión.

Andrés Carlos Manchado es un pianista que consigue la unidad de su interpretación en el manejo magistral de la paleta cromática de la que es dueño y señor. Esa maravillosa paleta palaciega, mayúscula y aristocrática, se extiende como los abanicos de Bath a través de la nave de una vibración que avanza solemne hacia un punto del espacio donde Saturno ríe a carcajadas con Albert, jugando con nuestros hilos de plata. Su sonido va llamando poco a poco, con discreción primero y con evidencia e intensidad después, a aquel que primero simplemente le oye  y después le escucha con avidez.

Toca de manera esencial, sencilla. Respira con el piano. Sus frases y sus diseños se van dibujando en el espacio con naturalidad, revelando la maestría que conceden el talento y las largas horas que los nervios de sus dedos dedicaron a dar vida a la Música del pasado y del futuro. Su técnica se define con gran claridad, presentándose como amiga al oyente, y posándose leve como aeride en las ideas humanas, como invitación a las divinas.

El fenómeno de la música se extiende con mantequilla de alas, las tensiones pequeñas se sugieren, se suspenden, sin abrigar siquiera la sospecha de que la cuadratura áurea nos despierta, nos zarandea, …antes de evaporarse, con la nostalgia de aquel momento grabado en color en nuestra memoria, que nunca volverá.

En el último concierto que este pianista nos ofreció en Córdoba, nos muestra una producción sonora de un verdadero Gentleman, con mayúsculas, de este instrumento lisztiano. Es difícil calibrar qué o qué no puede curar a este mundo. Pero si hay algo que puede solicitarlo dulcemente son las palabras y los sonidos grandes y hermosos. Deseamos que muchas personas, repartidas entre latitudes y longitudes diversas, puedan disfrutar de la carta de presentación de este Elegante del Piano (su magno timbre), y de su atmósfera sonora en los lustros venideros.

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