23 de enero: el principio del fin de la dictadura en Venezuela.

Texto: Laura Villarreal Moreno (venezolana nacionalizada mexicana -autoasilada hace 19 años en ciudad de México, al inicio del régimen chavista-). El 23 de enero para los venezolanos es un día históricamente significativo, ya que la primera dictadura, la del General Marcos Pérez Jiménez, cayó ese día del año 1958, y se recuerda como eldel inicio de la democracia en Venezuela. 

En esta misma fecha, 61 años después, revivimos una situación similar; las fuerzas opositoras haciendo justicia histórica, y el mismo día, han juramentado al Presidente de la Asamblea Nacional, el ingeniero Juan Guaidó, como Presidente interino de Venezuela. 

Para una mayor comprensión de lo sucedido por parte de la comunidad internacional; que no ha seguido el proceso “in crescendo” del Régimen Venezolano y su avanzada, nacional e internacional; el debate terminó con la declaración de que el Régimen Comunista es un narco-estado paralelo. El Ex Presidente Nicolás Maduro Moros, a partir de ayer es absolutamente ilegítimo, carece de toda legalidad; aunque nunca la tuvo realmente, al exigir el art 227 de la Constitución que para ser elegido Presidente de la República se debe ser venezolano de nacimiento y no ostentar ninguna otra nacionalidad.

El Régimen de Chávez cobijó a Maduro, preparándolo para que le sucediera; y el chavismo, manejado desde el culto personal y envuelto en una profunda corrupción de todo tipo, así lo hizo y obedeció la última voluntad de Chávez. De esta forma, Chávez entregó en diciembre de 2012 un país en quiebra a Maduro, con una economía completamente soportada en el subsidio petrolero (control de cambio), que generó la corrupción más grande en la historia de Venezuela, y que estableció las bases para un colapso inevitable. 

El día de anteayer, 23 de enero, en un acto inédito, tomo posesión el nuevo Presidente interino para la transición, el ingeniero Juan Guaidó, diputado por el partido de centro-izquierda Voluntad Popular; partido inscrito en la Internacional Socialista, fundado por Leopoldo López, otro líder opositor, perseguido y preso político. Digamos que es una suerte de paridad con Ciudadanos en España. El ingeniero Guaidó, de 35 años, es el miembro más joven de la Asamblea Nacional, Diputado por el Estado de Vargas, graduado en la Universidad George Washington, EE.UU., y Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, el único organismo venezolano elegido democráticamente en el país. Y acaba de asumir la Presidencia interina de Venezuela acogiéndose para ello a los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional de 1999. Y lo ha hecho con el irrestricto apoyo de todos los venezolanos de la oposición, e incluso también de muchos de los que apoyan el Régimen, ya muy cansados de pasar hambre, vejaciones, y de sufrir ataques personales. Ataques provenientes tanto de los llamados “colectivos” (una suerte de grupo terrorista que constituye la fuerza paramilitar del Régimen, encargada de mantener el control y sembrar el terror entre los disidentes); como también de los mismos chavistas, que habitan en los barrios pobres de cualquier lugar del país, y se apersonan armados hasta los dientes a cuanto acto que se celebra, incluyendo elecciones y manifestaciones. Grupos ambos, que cuentan en su haber con una cantidad incontable de víctimas mortales.

Me gustaría precisar que es absolutamente erróneo y malintencionado decir que el Presidente interino se ha “AUTOPROCLAMADO”: Ha sido un acto legal siguiendo lo dispuesto en el artículo 350 de la Constitución que obliga a no reconocer el Régimen Chavista de Maduro: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Por otra parte, existe el artículo 333, que impele a todos los ciudadanos del país a intentar dar fin a esta situación de usurpación del poder por parte de Maduro. Y de entre todos los venezolanos a quien corresponde, más que a cualquier otro, es a Guaidó en calidad de Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”. 

Así que, al amparo de la ley, Venezuela tiene un Presidente legítimo: Guaidó; y un usurpador: Maduro. En este momento conviven ambos, pero el mundo (salvo algunas excepciones, en general cercanas ideológicamente al Régimen) ha visto y validado la legalidad del nuevo gobierno, y lo aceptado públicamente dándole legitimidad: EE-UU., Canadá, Francia, Argentina, Chile, Costa Rica, Finlandia, Colombia, Perú, Ecuador, y otros, dan fe que no fue un acto arbitrario sino, por el contrario, absolutamente debido y necesario.

El 23 de enero no es el fin, es el principio del fin, y todos los venezolanos, de mayor o menor nivel de activismo, estamos de acuerdo con apoyar al Presidente Guaidó en el camino, largo y tortuoso que empezamos a recorrer; con la fe puesta en Dios de que esta vez sí funcione y no se quede en proyecto, como otros actos en el pasado que no tuvieron el éxito deseado, y cuyos líderes terminaron presos, o exilados. 

Será complicado: los militares están en contra del Presidente y a favor del Régimen, y sin ellos, simplemente no se puede tomar el poder en forma y fondo. También hay intereses internacionales, como el apoyo a Maduro del G2 cubano, con toda su fuerza e interés de seguir exprimiendo hasta el final lo que se pueda conseguir de él.

Nuestro Presidente Guaidó necesita estrategia, asesoramiento, paciencia, y apoyo. No se va a alcanzar la estabilidad de un día para otro. Entre los principales objetivos a lograr, propuestos por Guaidó; están la celebración de unas elecciones libres, realmente democráticas, y la recuperación del Estado de derecho, que hoy por hoy no existe. 

Dios guíe a nuestro presidente en el camino hacia una Venezuela democrática y libre, todos los venezolanos de bien deseamos que tenga éxito.

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