¿Por qué no te callas, López Obrador?

Texto: José Escuder (director de la sección de Opinión). Lo hemos dicho muchas veces: en esta vida uno puede ser más guapo o más feo, más rico o más pobre, más listo o más tonto, pero lo que no se puede ser, bajo ningún concepto, es ridículo. Y menos aún, hacer de esta tendencia una profesión. Por eso, el ridiculómetro con el que Numen observa la actualidad cada día, se ha vuelto a disparar. Una vez más, tenemos que hablar de otro político dependentista. Es decir: otro político que necesita resucitar a los espíritus de los muertos para poder ocultar su condición de fantasma. En este caso, el ectoplasta se llama Andrés Manuel López Obrador. ¿Tampoco les suena su nombre?. Vamos a dar otra pista: es el presidente de Méjico, elegido por votación más populista que popular y representante de ese tipo de izquierda que, cuando tiene dinero, suele adelantar a los ricos por la derecha para saltarse el peaje de la dignidad. López Obrador, además, es un reconocido politólogo. ¿Qué significa esto?. Un gobernante capaz de decir las mismas tonterías en varios idiomas. Lo cual no dispara su cociente intelectual, pero aumenta sus posibilidades de viajar. Sobre todo, si es a costa del contribuyente. Privilegio este que le permite presumir de otra nueva profesión: la de politongo. Es decir: ese tipo de gobernante capaz de prometer en varios idiomas lo que no piensa cumplir en ninguno. A partir de aquí, es lógico que, en vez de pedirles a los mejicanos que se preocupen por la grave situación que su país vive en este momento, nos pida a los españoles que nos preocupemos por lo que pasó aquí hace quinientos años. Es la paradoja de los progresistas: que llegan al poder acusando a la derecha de vivir instalada en el pasado, pero ellos no dudan de instalarse en la prehistoria, si esto les permite ocultar que no tienen ningún proyecto para el futuro. Por eso no nos extraña que el presidente de Méjico haya decidido que la mejor manera de solucionar los problemas que sufre su país es que Felipe VI pida perdón por la conquista que los españoles llevaron a cabo hace quinientos años. Para ello, le ha escrito al monarca una misiva con la misma inocencia de ese niño que escribe una carta a los Reyes Magos. La diferencia es que, en vez de pedirle un scalextric o una muñeca pepona, le ha pedido, sin decirlo expresamente, que le ayude a cumplir todas esas promesas que saltaban como ranas en su programa electoral. Por eso convendría que alguien le explicara a López Obrador que el rey de España no se llama Melchor, ni Gaspar, ni Baltasar. De ahí que no pueda solucionar los gravísimos problemas que los mejicanos llevan padeciendo durante las últimas décadas, problemas cuyos causantes no son los reyes que les conquistaron hace cinco siglos, sino los políticos que ellos mismos han votado. Esos políticos que, sin necesidad de conquistarles, les han saqueado durante setenta años, como es el caso del PRI, partido al que, como no podía ser de otra manera, perteneció el señor Obrador.

Afortunadamente, Méjico es un país libre y con una independencia que está a punto de cumplir doscientos años. Por eso Felipe VI no tiene jurisdicción para poder ayudar al señor López Obrador a solucionar la falta de credibilidad que sufre como presidente. Dicho de otra manera: si casi la mitad de la población mejicana está por debajo del umbral de la pobreza, no es culpa de Melchor. Si los ciudadanos mejicanos tienen pánico de salir a la calle por culpa del altísimo índice de criminalidad, no es culpa de Gaspar; si Méjico es el país más corrupto de la OCDE, no es culpa de Baltasar. Y si casi toda la heroína que consume Estados Unidos se la proporciona Méjico, la culpa tampoco la tienen los camellos de los Reyes Magos.

¿Y qué apoyos ha obtenido este politongo con su plañidera misiva?. Pues los de siempre: los de Podemos. Ese partido que lidera las críticas contra la monarquía parlamentaria española y que al mismo tiempo critica a los españoles cuando éstos critican a las dictaduras latinoamericanas disfrazadas de democracias. Todo un ejemplo de coherencia, como puede verse. Porque si hay algo que defienden los chicos y las chicas de Podemos es la libertad. Esa libertad, por ejemplo, de la que debe gozar el presidente Maduro para encarcelar a todos los que exigen la libertad que él les niega. Pero esta es una tiranía sobre la que los españoles no debemos opinar, pues, según Podemos, es un asunto que compete únicamente a los venezolanos. Es decir: López Obrador puede venir desde Méjico a exigir disculpas al rey por algo que no ha hecho, pero los españoles no podemos denunciar los crímenes que el dictador Maduro comete todos los días. Para los amigos de López Obrador, denunciar las excentricidades de Trump es una obligación, pero denunciar los crímenes de Xi Jinping es pura demagogia A los defensores de Obrador les indigna que los trabajadores sigan siendo pobres por culpa de los ricos, pero no pestañean cuando esos mismos trabajadores se mueren de hambre y frío por culpa de los tiranos. A los amigos de Obrador les ocurre lo mismo con los crímenes del comunismo, cuyos asesinatos, torturas y violaciones competen, según ellos, únicamente a las millones de víctimas que los han padecido. Este es su escalofriante concepto de la dignidad.

Pero el verdadero problema de la izquierda no es que en los países civilizados haya monarquías. Su problema es que en Latinoamérica no hay ni un solo líder del que puedan sentirse orgullosos. Pues si Castro es una irreconocible foto del Che, Chávez una sombra chinesca de Castro y Maduro una histriónica caricatura de Chávez, ¿qué heroicidad pueden esperar los de Podemos del politongo Obrador, en esta izquierda internacional donde hay más jetas que gestas? Pues eso: que centenares de seres humanos sigan muriendo cada año en la frontera con Estados Unidos al huir de su país, mientras él, desde su cómodo sofá, exige disculpas al rey de España.

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