Correos paga 250.000 € por borrar las perlas de la Corona real de su logo.

Texto: el Conde  de Bobadilla. No opino como Carmen Calvo, nuestra vicepresidente del Gobierno en funciones, que “el dinero público no es de nadie”. Y no lo creo porque, precisamente el hecho de que sea público, no lo convierte en dinero de nadie sino en dinero de todos. Es por eso que todo gasto tiene que estar justificado, y no sólo con respecto a su necesidad -es decir, que verdaderamente lo sea-, sino también con respecto a la cantidad de dinero público, sacado de nuestros bolsillos, que se emplea en ello.

Pero claro, pedirle a Sánchez, cuya medida estrella se basa en trasladar los restos mortales de quien lleva 40 años enterrado, que comprenda el concepto de lo que es necesario –y urgente-, es como hacerle entender a su vicepresidente que los 250.000 euros gastados en quitar 6 perlas y el globo del orbe del logo de Correos, es el timo del tocomocho. Vayan ustedes a cualquier bar y pregúntenlo o, mejor, no lo hagan, que yo acabo de venir de una cafetería y era la comidilla de todos –entre la guasa y la indignación-: que cómo se pueden gastar tanto dinero en tan poca cosa, que si de lo que se trataba era de robarle las perlas a la corona real, que hubieran contratado a un ladrón profesional que se las hubiera llevado sin cobrarnos nada. En lugar de eso hemos tenido el mismo robo pero pagando un cuarto de millón de euros por ello al ladrón, entendiendo con ello que no llamo ladrón a quien ha diseñado el logo –a ese le ha tocado la lotería-, sino a quien ha decidido emplear 250.000 del dinero de todos en algo que no lo vale en absoluto.

Cuestión aparte, desde el punto de vista del buen gusto, por no decir de  la heráldica, el diseño no puede resultar más desagradable y desastrado. No sé si de lo que se trata es de un intento republicano de robarle encanto a la corona real –de republicanizarla como denunciaba nuestro subdirector en “El Diario de Colón”-; o es simplemente una cuestión del mal gusto de convertir una corona en una serie de elementos superpuestos, aéreos, volando unos sobre otros pero sin tocarse. Me sorprende que, puestos a quitar, no hayan quitado también la cruz pero mejor no demos ideas…

Churchill afirmaba que el sentido común es el menos común de los sentidos, personalmente pienso que el sentido del gusto es aún más difícil de encontrar, aunque no hay que discutir: el diseñador del nuevo logo de Correos viene a darnos la razón a los dos.

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El Conde de Bobadilla
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