CRÍTICA DE “LA LIBRERÍA”

En La Librería, la cineasta Isabel Coixet adapta con maestría la novela homónima de la escritora inglesa Penelope Fitzgerald, trabajo por el que ya ha recibido grandes elogios, habiendo conseguido el premio a la mejor adaptación literaria de la Feria del Libro de Francfort.

 

La Librería parece una película pequeña porque aparentemente narra una historia pequeña, nada épica, de personas normales, con sueños sencillos, en un pueblecito costero de Inglaterra. Pero precisamente ahí radica su belleza, en contar pocas cosas y aun así conmovernos, en transmitir con delicadeza  e intimismo, mediante unas imágenes poderosas y evocadoras, las emociones contenidas de sus protagonistas, en hacer de la lucha de una mujer por ver cumplido su sueño nuestra lucha, que no es otra que la de abrir una librería en la pequeña y tranquila localidad costera de Hardborough. Allí abre su librería Florence Green dejando en evidencia la desidia de Violet Gamart (Patricia Clarkson), representante de los poderes sociales del pueblo, que lleva años hablando de abrir en ese mismo edificio un centro cultural. A Violet la cultura no le interesa lo más mínimo, es sólo un elemento más de su vanidad. Lo que no quiere es que Florence lo consiga. Florence, sin embargo, tiene un sueño, ella está convencida de que los libros alimentan la vida y el espíritu, es feliz con ellos. Esta es la historia de “alguien bueno que quería hacer algo bueno” y solo recibe rechazo a su alrededor.

 

«El auténtico horror de la película es la banalidad del mal; la actitud impasible de quienes destrozan tu vida porque les da igual, ese fastidiar porque sí. Esto yo me lo he encontrado muchas veces, en todos los terrenos», explica la cineasta.

 

Los enemigos de la libertad son muchos. Buscando referentes literarios, no puedo no pensar en este pequeño pueblo inglés como en un Fuenteovejuna, y ver en la protagonista la lucha de David frente a Golliat. Pero no hay que irse tan lejos en el tiempo, la xenofobia, los nacionalismos fracturan nuestra sociedad actual.

Creo que la protagonista de La Librería es muy cercana a Isabel Coixet. El aislamiento y boicot que sufre Florence Green por la mayor parte del pueblo traza un paralelismo inevitable con la realidad que está viviendo la directora, atacada en su propia tierra natal por haber escrito artículos que intentaban llevar mesura y sentido común en torno al disparate independentista de Cataluña. «Decir las cosas me ha traído muchos problemas en Cataluña. Empecé a recibir insultos hace muchos años por decir lo que pienso, te vas haciendo callo. Pero cuando el insulto ya no es virtual sino que es en la calle, en tu casa… no es bonito. A pesar de eso, soy antivictimismo», aclara a ABC, crítica con ese afán secesionista que no «sabe ni qué sociedad propone». «Uno tiene que querer suturar las cosas para que se curen, y los independentistas están empeñados en no hacerlo», afirma.

 

 

No es el argumento de esta historia el habitual, es más bien la antítesis del sueño americano, Habla de intentar las cosas una y otra vez, y de cómo una persona buena, con sus mejores intenciones fracasa, igualmente. «Refleja lo que es la mayoría de nuestras vidas, y que nadie cuenta», explica Emily Mortimer, actriz que encarna a la protagonista. «No se trata tanto sobre el éxito o el fracaso, sino sobre el coraje, la lucha y el dolor que se siente en ese camino», aclara. En La Librería parece contarse la historia de un fracaso, de una mujer que lucha con coraje y esfuerzo por cumplir un sueño, a priori sencillo, pero que se ve enfrentada a la envidia, la maldad y la iniquidad de unas gentes vacías de ideales, sin anhelos, que no soportan que otros tengan sueños y que hacen el mal por el simple placer de destruir esos sueños.

Pero para Isabel Coixet, la protagonista es una triunfadora, por su determinación y superación personal, y porque lucha con coraje y dignidad por conseguir un sueño. Para ella el fracaso, es ese ser mezquino y ruin, que arruina la vida de los demás sin motivo. “El auténtico fracasado de esta película es cuando ella le pregunta a Milo (James Lance) el porqué, y él el responde todo lo que le responde. Para mi el fracaso está en esa respuesta, que habla de gente que no lo intenta, que se deja llevar, que no sabe quién es, que no tiene una brújula moral. La brújula moral cambia, puede cambiar, evidentemente, pero la ausencia de ella es para mí el fracaso. Ser una veleta que no tiene una médula.”

 

Pero La Librería no solo refleja la maldad de las personas, y cómo en ocasiones la gente se une para cometer una injusticia o para mirar hacia otro lado; la película también recoge la bondad de aquellos que, de forma sorprendente, acaban siendo los aliados de la señorita Green, como el solitario y adusto caballero Mr. Brundish (Bill Nighy), que nunca sale de su casa y prefiere mantenerse informado de las novedades literarias por correspondencia, o la pizpireta e increíblemente madura Christine, la niña que ayuda a Florence en la librería después de clase.

 

En La Librería se conjugan múltiples sueños y anhelos; varias escenas nos muestran a la protagonista, viuda de guerra, sentada sobre las rocas mirando al mar, y podemos imaginar cómo vagan sus recuerdos recreando como en ese mismo lugar fue feliz y conoció el amor. Con su regreso, Florence Green, vuelve a sentir la emoción e ilusión por una vida pausada durante décadas y anhela hacer realidad el sueño compartido con su marido de abrir una librería en Oldhouse. Ella, que es una mujer modesta de clase media, que tan solo desea llevar una vida sencilla rodeada de lo que más ama, los libros, al enfrentarse al rechazo de los que le rodean, muestra un coraje y determinación inusitados, fruto de la profunda pasión que siente, y sorprende a todos, y a ella misma, cuando ve lo lejos que está dispuesta a llegar por perseguir su sueño.

 

Entre la protagonista y el solitario caballero surge una preciosa relación, casi platónica. Mr. Brundish, vive en su vieja mansión desconectado del mundo, la vida le ha conducido a una especie de escepticismo frente al ser humano, no le interesan las personas, su vida transcurre devorando libros día tras día. Pero cuando conoce a Florence, la luz de bondad y dignidad que ella transmite, es capaz de hacer revivir la llama de la ilusión y la esperanza en su viejo corazón. Juntos comparten una maravillosa escena de amor, llena de contención y sensibilidad, donde se insinúa más que se enseña, pero que no necesita de diálogos ni evidentes muestras de pasión para resultar realmente conmovedora.

 

La película también es un constante homenaje a los libros. Se nota que Isabel Coixet ama leer por la exquisita delicadeza, casi reverencial, con que la protagonista trata cada uno de los ejemplares que ofrece en su librería. Y no es casual su elección de los libros, la realizadora hace un guiño a aquellas obras que le han marcado, como las Crónicas marcianas o el Fahrenheit 451 de Ray Bradbury que tanto entusiasma al solitario y sensible Mr. Brundish; o la Lolita de Nabokov, que mantiene a parte de la población enganchada al escaparate de la librería y a la otra mitad escandalizada por su contenido. Son libros, que en palabras de la directora, “dan sed de leer otras cosas”.

 

Pero sobre todo es un homenaje a la escritora cuya obra adapta en esta película, Penelope Fitzgerald. Adaptación en la que Isabel Coixet se atreve a cambiar su final, añadiendo un poco de esperanza. “Estoy harta de ver cómo los conflictos se reducen a exterminadores y exterminados. Penelope Fitzgerald, una autora capital que escribe de un modo muy poco sentimental, es mucho más dura en su novela que yo en la película. En el libro, machacan el sueño de Florence y este no deja ninguna semilla. Yo creo que hay que seguir y hacer lo que una quiere hacer, a pesar que a veces tienes que luchar contra obstáculos que ni te habías imaginado.”

Gracias a Coixet, a pesar de todos los males que desfilan por el filme, la última palabra la tiene el legado de bien que deja la protagonista, un legado y un testimonio que terminan dando fruto en su joven discípula.

 

Emily Mortimer, Patricia Clarkson y Bill Nighy son los exquisitos protagonistas de esta historia.

Emily Mortimer es perfecta encarnando con mucha elegancia a Florence Green, con esa dosis de inocencia, bondad y determinación. Patricia Clarkson está espléndida como contrapunto, en el personaje de la malvada y egocéntrica Violete Gamart. Pero esta guerra entre los dos personajes femeninos no es sucia en sus formas. Aquí no hay violencia ni palabras malsonantes. La batalla se desarrolla con el más estricto y protocolario saber estar británico, en un decorado lleno de tules y oropeles por el que amabilísimas palabras vuelan como dardos envenenados. El reino por conquistar es un viejo local y los ejércitos, claramente descompensados, son casi invisibles.

 

La soberbia actuación contenida de Bill Nighy, su imponente presencia y su evidente química con Emily Mortimer nos brinda momentos realmente conmovedores.

 

Ambientada en 1959, La Librería se ha rodado en diferentes localidades de Irlanda del Norte y Barcelona para recrear los escenarios de una pequeña villa de Inglaterra. Jean-Claude Larrieu, director de fotografía, plasma unas imágenes llenas de luz al comienzo del film, cuando la trama es más amable y optimista, y que se van transformando con cielos borrascosos y paisajes más sórdidos a medida que el drama progresa. La música de Alfonso de Villalonga, acompaña perfectamente el hilo narrativo  y aporta profundidad al relato.

 

 

He escogido esta película para escribir mi primera crítica, porque, igual que la propia Isabel Coixet, me identifico mucho con la protagonista. Porque en mi vida me han puesto muchas piedras en el camino para no alcanzar mis sueños, porque me he topado con seres mezquinos que han hecho cuanto han podido por destrozar mis ilusiones y malograr mis logros. En definitiva, creo, que aunque a priori es la historia de un fracaso, en realidad es una película llena de optimismo, es un gran homenaje a todas las mujeres que tienen sueños y que con determinación y coraje luchan por conseguirlos. Que no permitan que nada ni nadie les trunquen esos sueños. No importa tanto si los consiguen, como el que no dejen nunca de intentarlo. Como diría Churchill, “el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”, y es que “el éxito no es el final, el fracaso no es lo fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta.”

 

Y es mi pequeño agradecimiento a una cineasta que admiro, valiente en su forma de hacer cine, no buscando fines comerciales sino narrar historias en las que ella cree profundamente y que merecen ser contadas. Su fuerza y su pasión es tan grande, que apoyos no le faltan en la industria para hacer realidad sus sueños, pero aunque no lo consiguiera, seguro que seguiría haciendo lo que hace. Y es la misma valentía con la que vive cada día, pues es una de las pocas figuras de renombre que se ha atrevido a denunciar el acoso diario que reciben aquellos catalanes que prefieren seguir siendo españoles, diciendo en voz alta lo que otros, por miedo, callan.

 

Gracias Isabel, por darnos esperanza. Me voy corriendo a desempolvar mi ejemplar de Crónicas Marcianas.

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Condesa de Bobadilla
Condesa de Bobadilla

Celia Fernández de Landa Lastra, Condesa de Bobadilla, es licenciada en Farmacia, graduada en Nutrición y Dietética y diplomada en Óptica y Optometría. Por su formación académica y profesión es una experta en salud, belleza y gastronomía. Amante del arte y el cine, considera la moda como otra forma de expresión artística. Dirige la sección de Modus Viviendi y colabora con artículos en las de Arte y Cultura y Agenda Cultural.

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