El “feísmo” está de moda

Antes de que las redes sociales llegaran a nuestras vidas, las tendencias las marcaba la pasarela. Los diseñadores primero; a través de tejidos, colores y formas, expresaban con su talento cómo imaginaban la mujer para aquella determinada temporada; pero al final, eran los editores de las revistas de moda los que tenían la última palabra sobre lo que se iba a llevar en la calle. Recuerdo cuando corría a comprarme los Vogue colecciones con todas las fotos de las pasarelas de Milán, París y Nueva York. Me compraba los de España, los de Italia, los de Francia. También las ediciones especiales de Elle y Marie Claire. Qué inmenso placer era para mí tumbarme en un sofá con una taza de té y pasar esas páginas, que para mí tenían más magia y fantasía en esas fotos que los cuentos de Alicia en el país de las maravillas y El principito juntos (lo siento, en ese momento lo sentía así). Soñaba con poseer ese vestido de cocktail tan chic, el sofisticado traje de noche, los pantalones que caían tan bien y hacían piernas interminables o esos complementos únicos que me harían destacar sobre las demás.  Prada, Armani, Dolce & Gabbana, Dior, YSL, Chanel o Versace eran mis marcas de referencia en una época en que ir de Zara no contaba si querías tener estilo. Elegancia, sofisticación y buen gusto predominaban en las colecciones para desquitarse de la estética desaliñada del grunge que había dominado la primera mitad de los 90.

 

Pero ha llovido desde entonces, me casé, tuve a mi hijo, y he vivido un poco desconectada de esta pasión mía por la moda. Ahora que Rafael Jr. ya no es un bebé y acude a la escuela, me asomo de nuevo al universo de la moda y veo que ha habido muchos cambios. El espejo en el que se refleja la sociedad actual, sobre todo la juventud, a la hora de seguir las tendencias, es en el de los “influencers” y “bloggers”. Algunos de ellos con dudoso gusto o que simplemente saben que necesitan abandonar la senda de lo establecido para provocar la reacción de sus “followers” y conseguir más “likes”.  Sólo hay que ver que el ranking de los “influencers” lo copan las hermanas Kardashian-Jenner, que tendrán muchos méritos, pero en elegancia y buen gusto en el vestir obtienen un “0”.

 

 

Las idealizadas pasarelas de mi juventud, son ahora un desfile de prendas ortopédicas, como las zapatillas con maxiplataforma; superposiciones desmesuradas como las capas manta, colores estridentes y estampados psicodélicos; componiendo una auténtica oda al mal gusto. Moda estrafalaria, hortera y vulgar que no anhela la belleza sino provocar y escandalizar.

 

Como apunta Pilar Pasamontes, Directora Científica de Moda del IED Barcelona: «En la moda es muy divertido ser extravagante, tener una estética diferente, jugar con los estilismos. Pero ha llegado un punto en el que ya nadie sabe qué hacer para diferenciarse, y la extravagancia con buen gusto ha derivado solo en eso, en extravagancia»

A tal nivel ha llegado el poder de los “influencers”, que actualmente los grandes diseñadores son también permeables a sus dictados y ello se refleja en sus colecciones.

Pilar Pasamontes opina que los grandes de la moda necesitan atraer de nuevo la atención de los compradores. Y eso, unido al auge del mercado asiático, en el que todo lo kitsch resulta fascinante, ha llevado a los diseñadores a investigar en esta línea de propuestas.

 

Desfile de la colección otoño-invierno 2018-2019 de Maison Martin Margiela Couture.

 

Y eso, que hasta cierto punto opino, que es positivo el que las redes sociales hayan hecho bajar a los diseñadores y editores de moda de sus pedestales y acercarse más a lo que la gente real quiere y a lo que se lleva en la calle. Pero de ningún modo debería comprometerse con ello la libertad creadora de los diseñadores que están ahí por su talento.

 

De cualquier forma, algunas de las casas de moda más importantes, como Vuitton, con Virgil Abloh, o Balenciaga, con Demna Gvasalia, han confiado la dirección creativa a jóvenes diseñadores más cercanos al llamado “Street style” con la esperanza de atraer a un público más joven, el de los milenials.

 

Y es que, en un mundo dominado por Instagram y Facebook, lo que tienes que decir importa poco, sin embargo, la imagen lo es todo. Por eso vivimos un momento en que hay un interés creciente por el mundo de la moda, pues en ella encuentran los jóvenes la herramienta para no ser como todo el mundo e intentar diferenciarse.

 

En este sentido, el fundador de la marca ManéMané, Miguel Becer, cree que las redes sociales han desempeñado un rol fundamental en esta transformación. “Como la información de moda llega tan rápido a través de estas plataformas, todo el mundo puede entrar en el juego de la moda”, indica el diseñador, quien piensa que el éxito de las colaboraciones con marcas a través de las redes sociales tiene mucho que ver con este fenómeno.

 

Una idea con la que se muestra de acuerdo Rocío Ortiz de Bethencourt, directora de la escuela de moda IED Madrid, para quien “toda empresa vive bajo el lema de renovarse o morir. A esta tendencia de rejuvenecimiento de la imagen de la marca se le suman los cambios relacionados con las nuevas experiencias de compra digital”. Las nuevas tecnologías “acercan los productos al consumidor y los hacen globalmente presentes sin que sea necesario desplazarse, la experiencia de compra se traslada a nuestra propia casa”, continúa la directiva del IED, para quien el rejuvenecimiento de las marcas puede entenderse como una estrategia para estar presente en esos nuevos formatos digitales.

 

El lujo se está volviendo, por tanto, cada vez más casual y copia un estilo más urbano. Todo parte de marcas como Vetements o Balenciaga, que apuestan por el lujo aplicado a prendas que no solemos asociar a la alta moda, como las “sneakers” o la ropa deportiva. Sin embargo, esta transformación no afecta a la verdadera esencia del lujo: la calidad permanece. “Estas marcas tienen un heritage y un savoir faire que no están dispuestas a perder, esto constituye su filosofía y los valores de su marca, haciendo de ellas un valor en alza”, sostiene la directora del IED. 

      Ugly sneakers Archlight de Vuitton

                                       Balenciaga ugly sneakers

De todas maneras, espero y creo que el culto al “feísmo” no es más que una tendencia pasajera, como en su día lo fue el “grunge”. Probablemente todo cambiará de nuevo cuando menos lo esperemos. Como decía Coco Chanel: “Todo lo que es moda pasa de moda, el estilo jamás”. El “feísmo” dejará de ser transgresor y los tiempos cambiarán, al igual que también lo harán las revoluciones a las que la moda y la sociedad deberán enfrentarse. Para los que entendemos la moda como una forma de expresión artística, ésta debe seguir anhelando la belleza y el buen gusto, por su propio bien y por el de los que la amamos.

 

En la sociedad globalizada de hoy hay cabida para todos los estilos; urbano, desenfadado, clásico o étnico, qué más da; todo vale mientras la moda se construya con los mismos hilos con que están tejidos los sueños.

 

Porque la vida es un sueño y la moda nos ayuda a soñar.

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Condesa de Bobadilla
Condesa de Bobadilla

Celia Fernández de Landa Lastra, Condesa de Bobadilla, es licenciada en Farmacia, graduada en Nutrición y Dietética y diplomada en Óptica y Optometría. Por su formación académica y profesión es una experta en salud, belleza y gastronomía. Amante del arte y el cine, considera la moda como otra forma de expresión artística. Dirige la sección de Modus Viviendi y colabora con artículos en las de Arte y Cultura y Agenda Cultural.

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