El ninot del Rey: libertad donde no falta y arte donde no lo hay.

Texto: José Escuder. Aunque algunos lo desconozcan por ignorancia, y otros lo nieguen por una cuestión de estrategia, la Edad Media fue mucho más que la época oscura de la peste, las guerras y la Inquisición. En esta periodo, aunque algunos no lo sepan, se produjo el nacimiento de las universidades europeas, y la autora de este invento, aunque algunos lo nieguen, fue la Iglesia católica. Y la razón es fácil de entender, pues el origen de estos centros de enseñanza superior se halla en las escuelas monásticas y las escuelas catedralicias, además de la escuela palatina, fundada por el emperador Carlomagno y dirigida por el clérigo, Alcuíno de York.

En 1834, bajo la regencia de María Cristina de Borbón y el gobierno de Francisco Martínez de la Rosa, el Tribunal de la Inquisición fue suprimido definitivamente. Podemos celebrar, pues, que aquel antievangélico tribunal ya no exista, pero no podemos hacer lo mismo con las hogueras. Porque éstas, en el siglo XXI, siguen ardiendo en todo su esplendor. Ahora no se queman personas. Ni siquiera ideas. Lo que se quema, sin ningún tipo de contemplaciones, es la verdad. Y según los encargados de rociarla continuamente con gasolina, la verdad se puede quemar por una razón muy simple: porque no existe. Gracias a la dictadura del relativismo, la verdad no debe estar al servicio del bien común, como proponía Sócrates, sino al servicio de unos intereses particulares, como quería Stuart Mill. Lo curioso es que quienes defienden el relativismo, alegando que la verdad no existe porque todo es una cuestión de opiniones, son quienes suelen luchar activamente contra todos los que defiendan una opinión diferente a la suya. Por ejemplo, aquel cantante que se cree con derecho a quemar públicamente la bandera de un país, en nombre de la libertad de expresión, es precisamente el mismo que luego te llama fascista, si haces tú lo mismo con un disco suyo. Y como hoy, el concepto del arte también ha caído en la pegajosa telaraña del relativismo, los artistas que no pueden comprometerse con el arte porque no tienen nada que decir, dicen comprometerse con la política para que la gente aplauda su compromiso con la libertad, una libertad que suelen defender con gran coraje en lugares donde paradójicamente ni la libertad, ni ellos mismos, corren ningún riesgo. Y es que el talento, en el arte, es lo mismo que el valor en la guerra: se tiene o no se tiene. Y el arte contemporáneo es una buena muestra de ello. Un arte donde los autores explotan la metáfora hasta el paroxismo, para que los clientes acaben viendo en sus obras todo lo que ellos son incapaces de expresar. Tan incapaces, que algunos obligan al comprador a destruir su obra en un tiempo determinado. ¿Qué es lo que determina este plazo? El tiempo que probablemente tardan en empezar a avergonzarse de ella. Por eso obligan al comprador a quemarla. Y lo hacen por contrato. Pero ya hemos dicho que el talento es como el valor. Ni el primero se puede esconder, si se tiene, ni del segundo se puede presumir, si se carece. Una buena muestra es el ninot de Felipe VI, donde la monarquía, una vez más, ha sido reconocida con los honores que se merece. Pues este ninot no sólo sirve para recordar que vivimos en España. Sirve para recordar que no vivimos en Cuba, Irán, Corea del Norte o Venezuela. Sirve para recordar, por ejemplo, que mientras Juan Carlos I, en el intento de golpe de Estado de 1981 arriesgó su vida y la de su familia, quedándose en España para defender la monarquía, es decir: la libertad, en octubre de 2018, el muy honorable Puigdemont salió huyendo tras volver a declarar esa república que días antes, él mismo, había anulado. A partir de aquí, es como comparar un cuadro de Velázquez con uno de Frida Kalho. Por eso, hemos de dar las gracias a los creadores del ninot. Con su obra de cuatro metros de alto, desde un punto de vista político vemos más clara que nunca la diferencia entre un ninot y un monigote, y desde uno artístico, la de un paisaje y un garabato. Gracias, también, a estos creadores, hemos visto que no sólo el concepto de verdad es relativo. También lo es el de la libertad, pues los artistas que fabrican una escultura en su nombre, son los mismos que luego, después de cobrarle una fortuna al cliente, le niegan a éste la libertad de hacer con ella lo que le dé la gana. Lo cual demuestra que por parte de los relativistas el concepto de justicia también es relativo, pues mientras que los artistas obligan al cliente a comprometerse a destruir la obra que ha comprado, ellos no se comprometen a destruir el dinero que han cobrado por ella. 

En fin…

Ahora que el arte no pasa por su mejor momento: el ninot de Rey sirve para recordarnos que servirse de la libertad para exigir libertad allí donde no hay falta de libertad, es una libertad que sólo pueden tomarse los que van más sobrados de libertad, que de talento.

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