“Encontrarás dragones”

José María Martín-Abad nos habla de esta película en la que todos descubriremos que los dragones los llevamos en nuestro interior.

 

Texto: José María Martín-Abad.

Me ha encantado la película. El contexto histórico y narrativo en el que se desenvuelve la trama me ha parecido muy sólidamente reflejado, con una plasmación muy acertada del ambiente tan convulso de la II República y la Guerra Civil, así como de los de los sentimientos que tales pulsos históricos provocan en unos personajes perfectamente perfilados y creíbles. El filme no se centra realmente en la creación del Opus Dei. Creo que, como acabo de afirmar, lo hace más en las relaciones personales, la guerra, el amor, la amistad y el perdón.

Muchas veces, cuando hablas de todas aquellas personas que han hecho algo importante en la vida, como es el caso de San Josemaría, las ves como inalcanzables, como si formasen un mundo aparte, diferente del común de los mortales. Sin embargo, a lo largo del metraje, compruebas cómo detrás de un Santo hay siempre un niño que crece y madura. Una persona que decide su camino, quizás descalzo, siguiendo los pasos en la nieve que dejan la humildad del pobre, quizás a medio calzar, con los zapatos destrozados de quien no piensa en sí y sólo en los demás, pero, sobre todo, andando siempre con los pies en la tierra, como una persona cercana a quienes le rodean, por quienes se preocupa y a quienes sirve… Una persona con fe y constancia que por demás nunca se dio por vencido a pesar de los pesares.

Conozco bastante bien la figura de San José María Escrivá de Balaguer y, aunque creo que podían haber sacado un poco más de miga, y sobre todo, haber narrado la proyección de la Obra después de la guerra, cuando se va expandiendo, también me hago cargo de que los pilares sobre los que se cimenta la fundación aparecen, y que esto excedía el marco de la cinta…

Cabe destacar, por otra parte, la visión bastante decente y aceptable que se realiza de la Guerra Civil. Y, quizá, ello se deba a que es un tema tratado por un director extranjero. Cuando se juega en casa nunca se acaba de ser objetivo aunque se intente (pero siempre, sin excepciones, cuando se trata el tema de las dos Españas es un intento fallido). Creo que han conseguido definir bastante bien una España en ese momento rota, que no dividida.

La historia de los dos amigos, José María y Manolo, resulta entrañable en todos los sentidos, desde su infancia hasta la muerte de Manolo. Me encanta cuando, de niños, gozan intensamente de esa amistad, hasta que, ante la ruina de la familia de San Josemaría, el padre de Manolo obliga a su hijo a dejar de tratarlo hasta que, con los años, se produce su reencuentro en el seminario. Un seminario que resultaría bastante fugaz para quien, como Manolo, ya ha endurecido su forma de ver la vida y su fe por influencia de su padre, un industrial sin corazón. Inicia Manolo un viaje interior hacia ninguna parte que no es sino reflejo de ese otro viaje hacia ninguna parte de la guerra civil, así como de esa guerra que todos vivimos en el interior de nosotros mismos, tan lleno de dragones, y esto creo que resulta muy bien narrado. Cuando, al cargo de vigilar la frontera, Manolo salva a su antiguo amigo al permitir que pase a Andorra, se observa un destello de cómo el respeto a su amistad está por encima del resentimiento.

Una amistad que está ahí, larvada, y que aflora nuevamente en el último momento de vida de Manolo cuando vuelve a “encontrar” a su querido amigo en el hospital, como ejemplo de que la conversión del corazón del hombre al amor es siempre posible. Me resultó conmovedor comprobar cómo Manolo es un trasunto de todos nosotros y de nuestra actitud ante la santidad, de cómo podemos seguirla o negarla. De esta forma inesperada todos nos convertimos en protagonistas de la misma película porque Manolo pierde la entidad de una persona concreta y se trasmuta en cualquiera de nosotros.

La historia de Robert, el hijo de Manolo, la considero secundaria a pesar de hacer de hilo conductor entre muchos de los tiempos y de las escenas que aparecen. Me gusta, y me parece una buena técnica, el uso que realiza el director de las diversas rupturas temporales en el orden de los acontecimientos, pues mantienen al espectador al tanto de los detalles. Por otra parte, muchas de las películas que han optado por aplicar el recurso de las historias paralelas no lo consiguen, pues no resulta siempre muy bien ejecutado, aunque en “Encontrarás Dragones” sí que se alcanza plenamente. A esto va unido la fuerza de la fotografía, los escenarios, los decorados… Creo que está bien ambientada y caracterizada.

Un notable, aunque por ganas la calificaría de sobresaliente.

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