Exposición en el Palacio Real: “Carlos III Majestad y ornato en los escenarios del Rey Ilustrado”

Con motivo del tricentenario del nacimiento de Carlos III, el Palacio Real acoge hasta el 8 de Enero de 2018 la exposición “Carlos III. Majestad y Ornato en los escenarios del Rey Ilustrado”, un recorrido por algunas de las piezas y obras emblemáticas relacionadas con este soberano ilustrado, mayor referente de la fructífera relación que han mantenido la Corona y la Cultura en España durante la Edad Moderna.

Carlos III fue promotor de grandes obras públicas y bajo su gobierno se impulsó la intervención estatal en aspectos estéticos a una escala amplia y variada, sin embargo su influencia más innovadora fue como gran mecenas de las artes, creando a su alrededor un arte cortesano, cuyo algunos de sus exponentes más representativos se muestran ahora en esta exposición.

Estas obras de arte formaban parte de la vida cotidiana del Rey y su familia, pero por su calidad, magnificencia y suntuosidad, constituían una auténtica declaración de poder. El arte, presente tanto en este palacio como en los cuatro sitios reales donde la corte pasaba cada estación del año, expresa la alianza entre ilustración y poder.

La muestra está patrocinada por el Banco Santander y la mayor parte de las piezas expuestas pertenecen a Patrimonio Nacional, aunque también hay préstamos del Museo del Prado, el Metropolitan, la colección Banco Santander, la Colección de Juan Abelló, la Wellington Collection, el Museo Thyssen-Bornemisza, el Palacio Real de Nápoles, el Museo de Bellas Artes de San Fernando, el Museo de Bellas Artes de Copenhague, el Instituto Valencia Don Juan o el Museo Arqueológico Nacional, entre otros.

El director de Colecciones Reales, José Luis Díez, ha explicado que esta exposición muestra “de manera novedosa” los escenarios decorativos en los que se desarrolló el reinado de Carlos III y que son reflejo de la nueva monarquía que quiso implantar en España.

Reconocibles aún en los palacios, pero en gran medida dispersas debido a la misma evolución de la vida cortesana y a los avatares históricos, las más espléndidas obras ornamentales creadas para expresar la magnificencia de la Corona encarnada en Carlos III se reúnen en esta exposición, en el más grandioso de los escenarios, constituyendo uno de los mayores tesoros culturales de España.

La muestra se reparte en diez salas estructurada de la siguiente forma:

Carlos III en Nápoles

La primera sala recuerda los 25 años durante los cuales Carlos III ocupó el trono de Nápoles, lugar clave para la cultura europea de la época, y sin los que no se entenderían las realizaciones ilustradas de este soberano. El esplendor arquitectónico de Nápoles y las excavaciones de Pompeya, Herculano y Estabia se deben a Carlos III y marcaron el inicio del Neoclasicismo. Esta primera sala está presidida por un busto de Carlos III realizado por Juan Pascual de Mena apenas llegó el monarca a Madrid. También se presentan el conjunto de Las Cinco Vistas realizadas por Pietro Fabris, en las que se representan las ciudades del reino de Nápoles mencionadas junto a composiciones de Francesco Solimena y Francesco De Mura encargadas por el rey.

Vista del Foro carolino en Nápoles. Pietro Fabris.

El Real Dormitorio de Carlos III

La exposición muestra el dormitorio que Carlos III tenía en el Palacio Real al completo con su tapicería y mobiliario originales. Dicho dormitorio constituía un gran conjunto decorativo neoclásico realizado entre 1762 y 1772. Su principal artífice fue el pintor Anton Raphael Mengs, secundado por el arquitecto Francisco Sabatini, que desarrollaron un programa que equilibraba la pintura, de tema religioso, y los grutescos con los que la tapicería animaba y daba calor a las superficies.

Situado en lo que hoy se llama salón de Carlos III –donde el rey murió–, el dormitorio era escenario de algunos rituales básicos en la vida de corte y de los encuentros familiares más distendidos: el sumiller de corps, jefe del real servicio a quien estaba reservada la «primera entrada», despachaba aquí con el rey el orden de la Casa a primera y última hora del día; aquí, antes de la comida algunos días, y todos después de la caza, se reunían con el rey todos sus hijos, y aquí hacía éste sus devociones matinales y vespertinas.

Paño de pared. Guillermo Anglois, pintor.

Los Tipos Populares de Lorenzo Tiepolo

Entre las obras más técnicas y originales de todo el siglo XVIII, se encuentran estas doce pinturas realizadas por Lorenzo Tiepolo, el menor de los hijos de Giambattista, utilizando la delicada técnica del pastel. Tiepolo supo reflejar en ellas con eficacia y verismo una variedad de tipos castizos del Madrid de la época, vendedores, militares, gente del pueblo llano y alguno, al parecer, en posición más desahogada si atendemos a la indumentaria y a los accesorios. Constituyen un ejemplo del pueblo sobre el que reinaba Carlos III.

El conjunto completo no había sido expuesto desde 1946 y es una oportunidad única de poder ver obras maestras de la técnica del pastel. De acuerdo con la cronología propuesta, podemos observar la evolución de Tiepolo en la técnica y composición de cada una de sus pinturas, y cómo pasa de representar escenas costumbristas donde predomina la narración y la anécdota, a composiciones complejas con muchos personajes creados en diferentes planos, que se ignoran entre sí y de los cuales en algunos casos sólo se ve un ojo que nos observa de forma intensa e inquietante.

Mujer con abanico y majos. Lorenzo Tiepolo.

La religiosidad del Rey

Carlos III fundó en 1771 la Orden que lleva su nombre, creada para honrar “La Virtud y el Mérito”, y cuyas distinciones se caracterizan por los colores azul y blanco, que son los colores dominantes de la vestimenta de la Inmaculada Concepción, patrona de la Orden y de la que el Rey era muy devoto. La religiosidad era esencia para Carlos III, y ello se refleja en el arte cortesano que le rodeaba en el Palacio Real y cada uno de los Reales Sitios. En su patronazgo religioso destacan las obras de Tiepolo, Mengs y sus discípulos españoles, así como las de orfebres cortesanos como José Giardoni o Manuel Timoteo de Vargas Machuca.

Inmaculada Concepción. Mariano Salvador Maella.

El Rey «de monte en monte»

La caza, la “única vía de escape de Carlos III como divertimento”, en palabras del director de Colecciones Reales, José Luis Díez, es el tema protagonista de la quinta sala, donde junto a lienzos de artistas como Antonio Sebastiani de Caprarola y Francisco de Goya y Lucientes, se exponen diferentes armas.
Para escapar de la melancolía hereditaria, Carlos III estimó que el mejor remedio era «huir la ociosidad y estar siempre empleado, y en acción violenta en lo posible». Es decir, cazando. «Si muchos supieran lo poco que me divierto a veces en la caza me compadecerían más de lo que podrían envidiarme esta inocente diversión».

La práctica de la caza contribuye a explicar que solo viviese en Madrid ocho semanas al año y el resto las pasara en el campo, donde «la libertad que gozaba era más conforme a su genio, pues podía salir fácilmente y sin séquito a caza por la mañana á los jardines». Fernán-Núñez, que cuenta todo esto, añade: «Había sido en su niñez muy rubio, hermoso y blanco; pero el ejercicio de la caza le había desfigurado enteramente, de modo que cuando estaba sin camisa, como le vi muchas veces cuando le servía como su gentilhombre de cámara, parecía que sobre un cuerpo de marfil se había colocado una cabeza y unas manos de pórfido».

Chinoisseries

La fascinación por la decoración oriental, tan de moda en el siglo XVIII, está presente en algunas de las decoraciones de palacio del reinado de Carlos III. Los protagonistas de este tipo de decoración eran los llamados “pequines”, finos tejidos de seda pintados al temple, bien con adornos vegetales y florales, bien con escenas historiadas de personajes chinos. Con este tipo de telas se confeccionaban tanto las colgaduras de verano para paredes, cortinas y camas de los dormitorios de las personas reales, como las de los gabinetes privados del propio monarca. Estos tejidos se adquirían a través de la Compañía Sueca de las Indias Orientales y del Galeón de Manila, aunque en algunas ocasiones fueron imitados en España con gran habilidad. Los objetos de porcelana china o japonesa solían completar la decoración de estas salas para crear un ámbito decorativo homogéneo de carácter oriental.

Cortina de dos hojas, guardamalleta y abrazaderas. Manufactura china.

El obrador de marfiles del Buen Retiro

Cuando Carlos III llega a España crea la Real Fábrica del Buen Retiro. Aunque la producción más extensa y conocida es la de porcelanas, el obrador de marfiles era el más avanzado desde el punto de vista estético. El escultor romano Andrea Pozzi, director del obrador, era de los jefes mejor pagados de la Fábrica. Durante el reinado de Carlos III, creó y coordinó la realización de relieves en este material precioso que reflejaban las pinturas romanas descubiertas en Pompeya y Herculano. De este forma, la gran empresa cultural patrocinada por Carlos III, y que resultó esencial para el gusto neoclásico en todo el mundo, no sólo se difundió por la edición de estampas sobre aquellas obras de la Antigüedad, sino que se plasmaba también en los gabinetes de Palacio. Este conjunto quedó dispuesto de una manera fija en la Casa de Campo del Príncipe de El Escorial desde la década de 1790, ya bajo el reinado de Carlos IV. Puesto que aquella es su disposición histórica que debe mantenerse, y dado que aquel gabinete no puede estar siempre abierto a la visita por sus reducidísimas dimensiones, esta sala ofrece una oportunidad especial para su visita.

El desengaño. Andrea Pozzi.

Carlos III y los talleres reales

El impresionante retrato de Carlos III realizado por Mengs y regalado por el monarca al rey de Dinamarca preside la sala en la que se despliegan las artes decorativas realizadas en los talleres reales españoles. Se trata de un cuadro de excepcional calidad y belleza, que se conserva en el Statens Museum for Kunst y que nunca había salido de Dinamarca. Fue un regalo para una galería de Reyes de Europa, de la que ya sólo se conservan 7 cuadros, por haber sufrido importantes deterioros en sendos incendios ocurridos en los palacios reales de Christianborg (1794) y Frederiksborg (1859), y que se presenta ahora tras la magnífica restauración realizada con motivo de la exposición. El monarca español está representado en majestad, de cuerpo entero, sobre un estrado con alfombra, vistiendo armadura completa, manto de terciopelo rojo y piel de armiño, con broche de diamantes. Tras él, se sitúan un sillón a modo de trono, con copete de corona real con las armas reales bordadas, cortina y columna, y a un lado la consola de talla dorada en la que descansan una celada y, sobre un almohadón de terciopelo rojo, la corona y cetro reales. En el pecho luce la insignia del Toisón de Oro colgada de una cinta roja al cuello, y en el torso cruzadas las bandas, roja de la Orden de San Gennaro y azul celeste del Saint-Esprit, y sus respectivas cruces enjoyadas bordadas sobre el manto. Completan la indumentaria la faja carmesí y las botas con espuelas.

El diseñador veneciano Mattia Gasparini había realizado en Portici obras de un estilo rococó chinesco muy del gusto de la reina María Amalia. En Madrid, recibió el encargo de revestir con una ornamentación magnífica y unitaria la Cámara del soberano y sus inmediatos tres despachos, o «gabinetes de maderas de indias», cuyos panelados de madera eran de rica marquetería con bronces dorados. El conjunto constituye una de las obras maestras del rococó europeo, aunque su realización a partir de 1760 resulte tardía en comparación con sus modelos Luis XV. Gasparini organizó y dirigió un taller de ebanistas alemanes y otro de bordadores, cuyas actividades se prolongaron durante el reinado de Carlos IV ya bajo las pautas estilísticas de Ferroni, quien empezó siendo broncista a las órdenes de Gasparini y acabó por sucederle como «adornista» en 1774.

Carlos III, Rey de España y de las Indias. Anton Raphael Mengs.
Escritorio de Carlos III. Matías Gasparini, pintor; José Canops, ebanista; Antonio Vendetti, broncista.

La muerte del Rey

Carlos III murió el 14 de diciembre de 1788. La capilla ardiente fue instalada en el Salón del Trono del Palacio Real Nuevo de Madrid. Según la etiqueta de la Casa de Austria, se desmontó la decoración habitual del salón y se cubrieron las paredes con una de las tapicerías más emblemáticas de las Colecciones Reales, la de La conquista de Túnez por Carlos V, que se colgaba habitualmente en el antiguo Alcázar en las capillas ardientes de reyes y reinas. De acuerdo a la rígida etiqueta, se instaló un estrado ricamente alfombrado, sobre el que se situó un dosel y bajo este una cama imperial –con su propio dosel- y, en los laterales, blandones de plata. Además se montaron siete altares para decir misas de continuo por el alma del monarca, todos con la imagen de la Inmaculada de la que tan devoto era y patrona de la orden por él instituida. La tradición exigía que la capilla fuera pública, permitiendo la entrada a «todas las personas, de ambos sexos, sin distinción de clases que quisieron ver a S. M. Difunto». El conjunto transmitía la imagen de magnificencia y poder que requería una ceremonia de tanta relevancia política.

Cama y dosel mortuorio de los Reyes de España. Manufactura de la primera mitad del siglo XVIII, sobre un damasco modelo de finales del siglo XVII. Bordado de hilo entorchado de plata, seda lasa, felpilla de seda sobre damasco de seda.

Exequias y elogios

Inmediatamente después de su muerte, Carlos III fue objeto de numerosas exequias y elogios. Con toda probabilidad fue el último soberano español cuyas exequias tuvieron semejante alcance universal y fasto. Se realizaron montajes efímeros para solemnizar aquellas ceremonias en numerosos lugares de la geografía mundial. Dichos montajes abarcaban un expresivo abanico estético, desde la mayor modernidad neoclásica que caracterizó las exequias celebradas en Roma, hasta las de carácter más retardatario y ancladas en las tradiciones del principio de la Edad Moderna, y todo en el mismo año de la Revolución Francesa. En esta exposición, dentro de un montaje que recrea parcialmente el elegante ornato organizado por José Nicolás de Azara en la iglesia de la Corona de Castilla en Roma -Santiago de los españoles- se exponen, en dos turnos rotatorios para no perjudicar la conservación de estas raras piezas, libros conservados en la Real Biblioteca de Palacio que contienen estampas de los cenotafios y aparatos arquitectónicos levantados tanto en Roma y España (Barcelona, Sevilla, Granada) como en diversas capitales de América. También se conserva el testamento original, firmado por «yo, el rey».

Alzado lateral del ornato realizado para las exequias de Carlos III en la iglesia de San Giacomo degli Spagnoli de Roma. Giuseppe Panini, arquitecto. Giovanni Volpato, grabador. Estampa calcográfica.

COMISARIOS: Pilar Benito, Javier Jordán de Urríes, José Luis Sancho

Datos prácticos:
Salas de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid
C/ Bailén s/n
28071 Madrid
Teléfono: 902 044 454

Fechas y horarios:

Del 19 de mayo de 2017 al 7 de enero de 2018
Todos los días de 10:00 a 20:00 h.

Entrada

Tarifa única Palacio + Exposición:
– Básica: 11 €
– Reducida: 6 €

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Condesa de Bobadilla
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Celia Fernández de Landa Lastra, Condesa de Bobadilla, es licenciada en Farmacia, graduada en Nutrición y Dietética y diplomada en Óptica y Optometría. Por su formación académica y profesión es una experta en salud, belleza y gastronomía. Amante del arte y el cine, considera la moda como otra forma de expresión artística. Dirige la sección de Modus Viviendi y colabora con artículos en las de Arte y Cultura y Agenda Cultural.

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