La Catedral de Notre Dame en la demagogia de la Izquierda.

Texto: el Conde de Bobadilla. Los que solemos usar las redes sociales estamos más que acostumbrados a la demagogia de quienes quieren utilizar cualquier tipo de pretexto como argumento contra la Iglesia Católica. El argumentario, cuajado de demagogia, tiene un corpus pequeño y muy repetitivo, que nos hace recordar la famosa sentencia de Göbbels: «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad». Y en el caso del incendio de Notre Dame hay varias mentiras que buscan abrirse camino.

Son mentiras de diverso tipo; por empezar por el tipo más sutil de ellas, es una mentira de contexto: la noticia es sólo que haya ardido Notre Dame -este ha sido el titular de todos los medios de comunicación-, lo cual es cierto, pero tampoco deja de serlo el que se ha producido dentro de una furibunda oleada de ataques a templos católicos, algunos en forma de incendio provocado como se pudo ver, poco menos de un mes antes, en Saint Sulpice. Es decir: resulta que es noticia el que haya habido un incendio fortuito, pero no lo es la persecución que, día tras día, sufre la religión católica en Francia. Y no sólo en el país galo, sino que, el cristianismo es la religión más perseguida a nivel planetario: el año pasado, el ser cristiano costó la vida de 4.305 personas asesinadas y 3.125 detenidas. Además de que 1.847 iglesias fueron atacadas, según información obtenida de la organización Open Doors.

Hoy mismo, Domingo de Resurrección, en Sri Lanka, han atacado tres iglesias y cuatro hoteles, dejando de momento  207 personas muertas y más de 450 heridas. Por supuesto, no se les oirá lamentar estas matanzas a todos aquellos defensores de toda loable progre-causa de los perseguidos y oprimidos.

Otro aspecto, relacionado con el anterior, es el de los antecedentes históricos que se repiten como un recurrente del que parece ser imposible librarse. Arde Notre Dame, pero no es su primera relación con la destrucción: la Revolución francesa, tan sacrílega e iconoclasta que la desacraliza, expolia, profana y vandaliza; o la Comuna, de similar radiografía, en la que hacen un fuego en el interior de la Catedral que, gracias a Dios, se sofoca. Este eterno gusto de la izquierda por quemar edificios religiosos me recuerda una discusión que mantuve hace años con el guía turístico de cierta catedral española:

-La catedral ardió en el año 1936 (afirmó)…

– No ardió en 1936, (respondí).              

– ¿Qué dice, caballero? ¡Es un hecho histórico!!!

– No, no es un hecho histórico: es un hecho interpretativo.

– ¿Cómo que es un hecho interpretativo y no un hecho histórico?

– Es que son dos hechos distintos que usted funde y confunde: el hecho histórico no es que la Catedral “ardiese” sino que la hicieron “arder”, vamos, que la quemaron. El hecho interpretativo es contarlo de forma tal que parezca un caso de combustión espontánea.

“La única Iglesia que ilumina es la que arde”, gritaba incitando a los incendiarios Buenaventura Durruti, haciendo popular en la convulsa España de los 30, la cita de Piotr Kropotkin, fundador del anarco-comunismo. Cita a la que ahora, los herederos de los resentidos perdedores de nuestra última contienda añaden el “arderéis como en el 36”. Más bien cabría decir “como desde el 31”, otra mentira de contexto: pues fue en este año, a tan sólo un mes de la proclamación de la fraudulenta II República, cuando la izquierda más radical se puso a quemar iglesias, conventos, y todo tipo de edificios religiosos. Y no a consecuencia de la Guerra Civil, iniciada cinco años después.

Hoy, pasados ya más de 70 años, hemos podido contemplar cómo tanto progre heredero de los “quemaiglesias” se ha complacido en publicar fotos de Notre Dame en llamas y el consabido “la Iglesia que ilumina es la que arde”. No tienen corazón, y me hace pensar que, en ocasiones, la diferencia entre el que amenaza y el que ejecuta, es la oportunidad de poder llevar a cabo sus amenazas en un ambiente de impunidad, como en la Revolución francesa, la comuna parisina, la  II República española o, desgraciadamente, cada vez en mayor medida: el mundo de hoy en día.

Luego está el tema, no del incendio y de las actitudes con respecto al mismo, sino de la restauración y de nuevo aquí volvemos a chocar con la demagogia.

“Twitteros y facebookeros de todo el mundo -parecen invocar-, unidos: es intolerable que, con todo el hambre que hay en el mundo, puedan reunirse en unas horas cientos de millones de donaciones para restaurar un edificio católico”, afirman indignados mientras acompañan sus diatribas con una composición de la foto de algún Papa con otra de un niño de color muerto de hambre. Aquí el uso de la demagogia es ya francamente indigno:

-Por un lado el culto de la Catedral de Notre Dame será católico, pero la titularidad del edificio a restaurar es propiedad del Estado francés.

-Por otro  lado, el que un progre, en sus variantes de progre-progre o pijo-progre, pretenda dar lecciones a la Iglesia de lo que es ayudar a los demás, resulta ridículo. Y es que la Iglesia, cuestión aparte de su labor evangelizadora y pastoral, de fomento de la educación y la cultura, es, sin duda alguna, quien más hace por los más desfavorecidos en todo el mundo. Si queréis algunos datos sobre esta labor social y asistencial, que ha llevado a definirla como “la mayor ONG del mundo” podéis hacerlo aquí:

https://www.religionenlibertad.com/blog/17057/la-iglesia-catolica-la-mayor-ong-del-mundo.html

Y a ello hay que añadir que la Iglesia no se limita sólo a ayudar a los demás, especialmente a los más necesitados, sino que, además, lo hace amando, con un amor de una calidad superior al del amor humanitario. Y ello es debido a su propia concepción antropológica, del hombre en general, y de quien sufre en particular, en quien ve al propio Cristo: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Leedlo completo: Mateo 25,31-46.

Hoy, con el templo de Notre Dame pendiente de su restauración, algo se ha removido en el espíritu de la vieja Europa. Quizá a la sociedad actual, aquella misma que vive de espaldas a sus orígenes espirituales, el ver peligrar uno de sus símbolos históricos, culturales, pero también religiosos, le ha hecho reaccionar. Espero que no sea algo ocasional y acabe viendo, con el ejemplo del capellán de los bomberos, que salvó las reliquias y las Sagradas formas, que Notre Dame es algo más que arte e historia: es la Casa de Dios. Aquella en donde en cada Misa se celebra la pasión, muerte y resurrección de Cristo, quien sufre, muere y resucita para la redención del género humano. Sólo entonces, si como sociedad podemos entender esto y recuperar la fe fundacional de nuestra civilización, la restauración de Notre Dame sea, al mismo tiempo, la restauración de Europa.

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El Conde de Bobadilla
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