NUTRISCORE. QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA EL NUEVO SEMÁFORO DE LOS ALIMENTOS

¿Qué es el NUTRISCORE?

 

El NUTRISCORE o “Etiquetado Nutricional Frontal”, se presentó el pasado 12 de octubre de 2018, en un acto presidido por la Ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, con motivo Día Mundial de la Prevención de la Obesidad, y es un sistema, también denominado Front of Pack o FOP, que busca poner lo que nos importa del contenido nutricional de un producto al frente del envase en lugar de dejarlo al dorso.

Se espera que empiece a aparecer en todos los productos antes de que termine el 2019, cuando se apruebe el correspondiente Real Decreto ley. Esta manera de informar en los envases de los productos, que sigue las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras sociedades científicas de países de la Unión Europea, ya ha sido implantada hace seis meses en Francia, y está pendiente de hacerlo también en Portugal y Bélgica.

 

El Ministerio aplicará como #EtiquetadoNutricionalFrontal el modelo #Nutriscore teniendo como referencia a otros países de la #UE, en base a la evidencia científica, y después de valoración y estudio de diversos modelos de etiquetado.

 

Para que este sistema sea más fácil de interpretar, los valores nutricionales se traducen en una escala de color y una puntuación en letras.

Por eso a este sistema se le llama coloquialmente con el nombre de “Semáforo” al clasificar los alimentos con 5 colores que van del más saludable (verde), hasta el menos saludable (rojo).

                                                                                           Fuente: Webconsultas

 

¿Cómo se decide qué puntuación tiene un alimento?

 

El sistema de puntuación funciona, tal y como indica la Federación Europea de Dietistas y Nutricionistas (EFAD), de la siguiente manera: Para calcular el NutriScore de un alimento se utiliza un algoritmo, o cálculo en secuencia, que tiene en cuenta las cantidades de determinados nutrientes con efecto sobre la salud (positivos y negativos), en base a la información declarada por 100g o 100ml de producto.

De esta manera se evalúa la calidad de cada alimento según la evidencia científica que lo sustenta a partir de raciones controladas.

  • El primer grupo de nutrientes hace referencia a aquellos que si se consumen en exceso pueden producir efectos negativos sobre la salud como: valor energético, azúcares, grasas saturadas y sal.
  • Al otro lado están los nutrientes vinculados con dietas saludables: fibra alimentaria, proteínas y, un concepto que no es un nutriente, como el porcentaje de fruta y verdura.

Según la cantidad relativa de cada una de estas variables, se asigna una puntuación por nutriente tal y como se muestra en la siguiente tabla:

Tras esta asignación de puntos, se suman los totales por tipología de nutriente (puntos A y C). Cabe señalar que existen valores específicos para bebidas y aceites y grasas.

El siguiente paso nos permitirá obtener la puntuación numérica global del alimento. Para ello es preciso seguir el siguiente esquema o árbol de decisión:

Una vez realizada la resta y obtenida la puntuación final, solo queda convertir el número en categoría, siguiendo el siguiente esquema:

 

Hasta aquí todo bien, pues los experimentos estándar en nutrición se evalúan según porciones de 100 gr. de producto.

Así, por ejemplo, si el alimento contiene un alto porcentaje de azúcar libre, algo que ayuda a superar el límite diario aconsejado por la OMS de unos 25 gr, este sistema lo clasificará en una categoría peor. O si el alimento contiene grasas omega 3, buenas para el organismo, y no contiene otras de peor calidad nutricional como las saturadas, tendrá más oportunidades de tener una buena puntuación.

De la misma manera, la fibra, los micronutrientes y otras sustancias antioxidantes se evalúan bajo el prisma de las evidencias científicas actuales para disponer un valor del etiquetado u otro.

 

¿Y quién se encargará de hacer dicha evaluación?

 

Aquí es donde comienza la polémica, pues son las empresas fabricantes quienes se encargan de evaluar y asignar el etiquetado correspondiente a sus alimentos, eso sí, siempre atendiendo a la normativa existente.

 

La propuesta de la industria

 

Cinco grandes multinacionales de la alimentación han creado su propio sistema de etiquetado frontal que incluye una versión del conocido “semáforo”, por el cual se indica con colores verde, ámbar y rojo si los distintos nutrientes de un alimento superan en poco o mucho las recomendaciones sanitarias.

El sistema propuesto por Mondelez, Nestlé, Pepsico, Coca-Cola y Unilever, conocido como Evolved Nutrition Label (ENL) –o “sistema de etiquetado nutricional evolucionado”– determina lo saludable que es un alimento en función de la ración de este que se recomienda consumir.

Como explicaron las compañías promotoras de la iniciativa, “el enfoque ENL se basa en la ingesta de referencia existente en toda la UE, que ya es familiar para 500 millones de consumidores, al agregar colores a los números que reflejan el contenido de nutrientes por porción real consumida”.

Las etiquetas de los productos de estas cinco multinacionales pasarían a tener este aspecto:

 

No obstante, varios países y asociaciones, como la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y la Asociación Europea de Consumidores, ya han mostrado su rechazo ante este sistema. En comparación con el etiquetado Nutriscore, que se basa en la calidad nutricional por cada 100 gramos, el ENL valora los nutrientes en función de una ración, que suele ser pequeña, con lo que son muy pocos los casos en los que aparece el color rojo confundiendo así al consumidor y no mostrando la realidad nutricional del alimento.

Así, un paquete de galletas podría poner el color verde en varios nutrientes, por ejemplo, si la ración recomendada es solo de tres galletas.

 

¿Cuándo van a tener que implantar los fabricantes el semáforo nutricional en sus productos?

 

El primer país en implantar este tipo de etiquetado en sus productos alimentarios ha sido Francia, que lo ha hecho de forma voluntaria. En nuestro país existen empresas que ya han anunciado su uso en sus productos de marca propia. Italia y Bélgica han hecho pronunciamientos parecidos a los que ha hecho España, manifestando la intención de avanzar en esta línea.

De momento, el Ministerio de Sanidad ha anunciado su intención de implantarlo en un año, pero ahora empieza la fase de trabajo con todos los actores implicados.

Marta García Pérez, directora ejecutiva de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), ha adelantado que”Nutriscore es una marca francesa y queremos hablar con las autoridades galas para trabajar conjuntamente. Creemos en esta marca y creemos que se va a ir adoptando en varios países”.

También nos ha avanzado que el gobierno ya está en conversaciones con el sector para que este código “sea muchísimo más exigente de lo que es ahora” y permita que “determinados alimentos con componentes nutricionales poco saludables no puedan publicitarse a menores de quince años” en ninguna plataforma, incluso en webs y redes sociales.

 

¿Es realmente necesario este tipo de etiquetado?

 

En palabras de la actual ministra de Sanidad, el Etiquetado Nutricional Frontal “permitirá que la ciudadanía pueda comparar con otros productos semejantes de forma sencilla y tomar una decisión informada y motivada para seguir una dieta más saludable”.

En mi opinión este tipo de etiquetado es necesario pues facilitará la decisión voluntaria de llevar una alimentación más saludable.

Aunque, según el Real Decreto 126/2015, los alimentos han de estar correctamente etiquetados con la información nutricional, estos datos muchas veces son difíciles de interpretar y valorar por parte del consumidor. Según los estudios, “un etiquetado más sencillo y orientado al consumidor general, sin conocimientos nutricionales, es más útil e importante”.

Hasta el momento, varios estudios realizados lo sitúan como uno de los modelos más efectivos en comprensión por parte del consumidor, aunque parece evidente que necesita ciertos ajustes para adaptarlo mejor a nuestra dieta y productos. Por ejemplo, productos tan apreciados como el aceite de oliva, debido a su alto porcentaje de grasa, sale muy mal parado al aplicar este índice; sin embargo, otros, como los cereales azucarados de desayuno se sitúan en la zona media de la escala.

Según este modelo y la información que recopila Open Food Facts sobre productos alimenticios, algunas salsas como la mantequilla de cacahuete, el ketchup o incluso la bechamel resultarían ser más saludable que el aceite de oliva.

Al parecer, el Ministerio de Sanidad ya es consciente de las incongruencias o debilidades que tiene este sistema, de origen francés, al aplicarlo a nuestra dieta mediterránea. Por ello, ya ha anunciado que deberán revisarse algunos aspectos y asegura que  los productos con un solo ingrediente no tendrán la necesidad de implementar el semáforo NutriScore. Así quedarían fuera, además del aceite de oliva, la leche o los huevos.

Para hacer una lectura correcta de este tipo de etiquetado, y evitar confusiones, yo recomiendo que se emplee sólo para comparar los alimentos que pertenecen a un mismo grupo. Es decir, que lo usemos para comparar un yogur con otros yogures y no con unos cereales o cualquier otro tipo de alimento que no corresponda al mismo grupo.

 

Conclusiones

 

Mi opinión es favorable a la implantación de este etiquetado complementario.

Pese a los inconvenientes del sistema NUTRISCORE, que los hay y requieren revisión y mejora; tras evaluarlo conjuntamente con todos los demás, las evidencias científicas revelan que es el mejor que existe actualmente.

Creo que este tipo de etiquetado complementará al ya existente, facilitando su comprensión y ayudando al consumidor a tomar una decisión razonada encaminada a llevar una dieta más saludable.

Estoy segura de que a este NUTRISCORE le sucederán nuevas versiones mejoradas que resuelvan los problemas que presenta a la hora de adaptarlo a nuestra dieta mediterránea, pero supone todo un avance, encaminado a la lucha de esta enfermedad endémica de toda sociedad desarrollada, que es la OBESIDAD, a su vez causa y origen de gran parte de las enfermedades crónicas que afecta a un porcentaje muy alto de la población mundial adulta.

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